Apenas asumido, el Presidente se desembarazó de todos los aliados libertarios/liberales que lo encumbraron, para recostarse en conservadores eclécticos como “el Toto” Caputo y “el Profe de Pablo”. Si Kicillof no vio que Milei es un “Tero” económico, es porque no quiso.
Pero el que uno esté equivocado, no significa que el otro vaya a tener razón.
A grandes rasgos, la nota presidencial de este domingo parece poco más que una lectura light de lo dicho el 18 de marzo con Juan Carlos de Pablo y Adrián Ravier, que a su vez es un resumen del trabajo del segundo (un gran recopilador), mechado con respuestas de IA.
No vamos a cuestionar el contenido, como tampoco hicimos con el gobernador -cada uno puede interpretar a Adam Smith como pueda o le plazca-, pero hay algunos puntos que merecerían cierta aclaración.
Los errores de “El Loco”
Desde mi punto de vista, Adam Smith es a la economía, lo que Carl Gauss a la matemática. Una persona 200 años adelantada a su tiempo.
La genialidad de Gauss es indiscutible. Sin dudas fue el mayor matemático del siglo XIX. Pero en términos históricos estuvo debajo o a la par de Euler, Newton, Arquímedes, Riemann, Poincaré, Grothendieck,….
Doscientos años es mucho, lo más que podemos decir, en base a los trabajos que no publicó, es que estuvo adelantado unos 50 años al resto de sus pares.
Cuando aparecieron los dos volúmenes de LRN en 1776 se vendía en el astronómico precio de 1 libra y 16 chelines (6 veces más caro que TMS), esto explica que la primer edición fuera más acotada que la de TMS, entre 500 y 750 ejemplares y que recién en la tercera se cercara a las 1000 ejemplares, colocándose en las cinco ediciones publicadas mientras vivía Smith, unos 3500 conjuntos.
Hoy parece poco -entonces no-, pero se trataba de un texto «para profesionales», muy caro -difícilmente Kicillof o Milei puedan vender un libro en torno a los u$s400-, que fue un éxito inmediato. Apenas hicieron falta dos años para que apareciera la primer traducción al alemán y al francés; en 1790 -año en que moría Smith- se publicaba en italiano y en 1792 en español.
A poco de publicarse LRN era adoptada por la universidad de Glasgow (en 1787/9 la universidad nombra a Smith rector honorario), para 1784 se enseñaba en el College William & Mary -una de las primeras universidades norteamericanas- y hacia 1825 era el texto base para la cátedra de “economía política” en Oxford.
De ahí hasta 1871 cuando aparecen los marginalistas –con su preferencia por el empleo de la matemática en el estudio de la economía: Jevons, Menger, Walras- LRN fue “la biblia” en el estudio de “la política económica”.
En 1890 el “Principles of Economy” de Marshall se convierte en el nuevo estándar de la profesión, hasta que en 1936 es sustituido por las obras de Keynes y en 1948 la posta pasa a Samuelson con su “Economics”.
El término de “política económica” se desarrolló en la Universidad de Nápoles en 1754 con Antonio Genovesi; en 1784 lo adopta el College William & Mary y en 1805, Thomas Malthus, que usó LRN como su texto central, lo adopta por primer vez en Inglaterra -curioso que Milei lo situara como la antítesis de Smith-, al ser designado como el primer profesor de la materia en el East India Company College. En 1897 Harvard empezó a usar el término “Economía” en lugar de “Política Económica” para designar la carrera. Entre nosotros, en la UBA cambio se dio recién a partir de 1974/6.
La cosa es que, a pesar de la vision romántica que gustan algunos, Smith fue inmensamente aceptado en su tiempo.
Un adelantado, pero no tanto
Como vemos la centralidad y la aceptación de Smith y sus ideas económicas en el ámbito académico fue casi inmediata e incuestionable por al menos 95 años. Marshall apenas ocupó el sitial 46 años; Keynes, 12 y los que les siguieron menos aún.
De las ideas económicas expuestas en LRN, podemos decir que la relación entre la acumulación del capital y el ahorro como inversión adelantó en unos 20 años a Ricardo y Mill; el concepto de la división del trabajo se plasmó en la práctica unos 30 años más tarde con la Revolución Industrial; su crítica al mercantilismo y adhesión al libre comercio y su oposición a los monopolios, gremios y privilegios gubernamentales tomó forma 50 años más tarde con el rechazo de las “Corn Laws” en Gran Bretaña.
Si queremos considerar a Smith como un adelantado a su época -recordar que él es un gran compilador, más que un creador del pensamiento económico de su tiempo- y nos atenemos al texto estricto, en todo caso no debemos hablar de más de 50 años para que las ideas que expuso fueran corroboradas en la práctica.
Ahora, si hablamos de cuando se elaboraron las demostraciones formales, matemáticas, de las ideas que recogió, es otra cosa. Pero esto no marca en qué medida se adelantó Smith a su tiempo, sino de cuánto tiempo le tomó a la economía alcanzar a tener los instrumentos para hacerlo.
El primer “economista” -al menos de los conocidos- en apelar a un modelo matemático fue Quesny en 1758 (“Tableau Economique”), usando diagramas y lógica. El primero en desarrollar un modelo abstracto utilizando el cálculo fue von Thunen en 1826 (“El Estado Aislado”); el primero que aplicó de manera rigurosa las matemáticas al desarrollo de una teoría económica fue Cournot en 1838 (duopolio y curva de demanda); y el primero que sostuvo que “la economía, si debe ser una ciencia, debe ser una ciencia matemática” y “nuestra ciencia debe ser matemática, simplemente porque trata de cantidades” fue Jevons en 1871 (Teoría de Economía a Política).
Así el concepto de PBI que podemos entrever en LRN lo formaliza Simon Kuznets en la década de 1930/40, que el dinero no es neutral en el corto plazo, lo demuestra Keynes en los 30s, a la idea de un orden espontáneo le dan forma matemática Arrow y Debreu en los 1950s, los beneficios de la especialización aparecen como las ideas de incrementos crecientes y crecimiento endógeno de Paul Romer y otros, la idea del crecimiento impulsado por la acumulación del capital le toca a Robert Solow a partir de la década de 1980, las fallas de mercado son de Pigou, etc.
Sugerir que “debieron pasar más de 200 años para que se pudieran entender y valorar” el trabajo de Smith si algo sugiere es que mucho no se sabe sobre la historia de la economía.
El Newton de la Economía
“Es más, probablemente sea mucho mejor la definición de quien fue su mejor discípulo, John Millar que lo definió como “el Newton de la economía política”, nos cuenta el Presidente.
A Milei esto le gusta, “El Messi de la Economía”, el “Mejor Ministro de la Historia”, “El Presidente mas sionista del mundo”…
El problema es que Millar -a pesar de ser uno de sus alumnos más cercanos y compartir la enseñanza en Glasgow por un año-, nunca vio a Smith como nada parecido a un economista. La referencia en cuestión aparece en el Volumen II de la edición póstuma de 1803 de su “An Historical View of the English Government” (no está en la primera edición), en una nota al pie de la página 429/30 para el Capitulo X, “Sobre Enrique Octavo, La reforma, Sus Causas, Sus efectos sobre la Influencia de la Corona”.
“Estoy feliz de reconocer las obligaciones que siento a este ilustre filósofo, por haber tenido en un período temprano de mi vida el beneficio de escuchar sus lecturas sobre la Historia de la Sociedad Civil y disfrutar sus conversaciones sin reservas sobre el mismo tema. El gran Montesquieu señaló el camino. El fue el Lord Bacon en esta rama de la filosofía. El Dr. Smith es el Newton” (lo de “de la economía política” es un agregado presidencial).
Más alla de esto, es interesante que la referencia a Smith “el ingenioso y profundo autor de Investigación Sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones” según lo define en el texto, se asienta en la crítica que hace Smith a la Iglesia Católica y sus clérigos en el Libro V del Tomo II (pág 394/95 del original) de LRN… nada que ver con la economía.
De la página 393 de LRN leemos: ”la constitución de la iglesia de Roma debe ser considerada como la combinación más formidable jamás formada contra la autoridad y seguridad del gobierno civil, así como de la libertad, razón y felicidad de la humanidad, que puede florecer solo donde el gobierno civil puede protegerlo”.
Si tenemos que decir algo, lo más que podemos decir es que Miller definió a Smith como “el Newton” -una comparación sin dudas exagerada- por su contribución al estudio histórico de la sociedad civil.
De economía nada de nada, y de moral, la clásica visión protestante de su época, todo.
Newton y Smith
En su nota el Presidente nos cuenta que: “usando los conceptos de gravitación y reposo de Newton, Smith describe la trayectoria del precio de mercado y la convergencia al precio de equilibrio (al cual llamaba precio natural)”, agregando: “Sólo le cuento que Smith tenía una sólida formación lógica-matemática (antes de ser profesor de filosofía moral lo fue de lógica), había leído a Newton y escribió una monografía sobre la historia de la astronomía”.
Empecemos por la segunda parte. Sin dudas que Smith admiraba a Newton y en su trabajo hay mucho de la idea de buscar las leyes generales que gobiernan el comportamiento humano, a la manera de lo que logró Newton con la física.
Pero, esto nos enfrenta a la paradoja que mientras menciona a Newton -una vez- en la TSM, no tenemos ninguna referencia en LRN (un texto que se supondría más apropiado dada su naturaleza económico/mecanicista).
Esto lo podemos comenzar a entender cuando vemos que en la página 124 de la primer edición de la TSM, en la parte III, “Sobre las bases de nuestros juicios concernientes a nuestros propios sentimientos y conducta, y el sentido del deber”, punto 20, Smith escribe: “El gran trabajo de Sir Isaac Newton, su “Principios Matemáticos de la Filosofía Natural”, me han dicho, fue desdeñado por muchos años por el público. La tranquilidad de ese gran hombre es probable que nunca sufrió, según este relato, la interrupción de un solo cuarto de hora”.
En ese capítulo, a lo que hace referencia Smith es a como los matemáticos (menciona además a “los dos matemáticos más grandes que he tenido el honor de conocer, el Dr. Robert Simpson de Glasgow y el Dr. Matthew Stewart de Edimburgo”), confiados en la certidumbre de sus hallazgos, son inmunes a las críticas de los demás y como los filósofos naturales -de los cuales él es uno- gozan en cierta medida de la misma seguridad y tranquilidad.
Nada de matemáticas ni economía, sino del carácter de la gente.
Aristóteles si, Newton, no
Algunos insisten -Milei entre ellos-, que cuando Smith escribe (Libro I, Cap VII, “Sobre el precio natural y de mercado de los bienes”, punto 15 de LRN) que: “El precio natural, por lo tanto, es por así decirlo, el precio central, al cual los precios de todos los bienes gravitan continuamente. Diversos accidentes pueden, en ocasiones, mantenerlos suspendidos bastante por encima de él, y en otras ocasiones obligarlos a descender incluso un poco por debajo. Pero cualesquiera que sean los obstáculos que les dificulten asentarse en este centro de reposo y continuidad, tienden constantemente hacia él”, hace una referencia directa a Newton.
Lo que tenemos aquí es en todo caso una analogía retórica y no una metáfora gravitacional que transfiere de manera literal la teoría física (perdón por complicarla).
El hecho es que el concepto gravitacional que esgrime Smith tiene más en común con la visión aristotélica, la tendencia de los cuerpos pesados a moverse hacia su lugar natural y a descansar en su centro de reposo cuando lo logran, que con la de Newton, por la cual ambos precios deberían atraerse entre sí sin que exista “un centro”, una diferencia que Smith, como profesor de lógica, conocía muy bien.
La realidad es que si queremos buscar alguna relación directa a este párrafo, debemos ir a Richard Cantillon que, en “Ensayo sobre la Naturaleza del Comercio en General,”, de 1734, Parte I, Capitulo X, “Sobre las Variaciones en el Precio de Mercado de las Cosas” -un título sospechosamente parecido al que Smith empleó 42 años más tarde- sostiene: “Nunca hay variación en los valores intrínsecos, pero la imposibilidad de proporcionar la producción de los bienes y productos en un estado (congruente) a su consumo provoca una variación diaria y un flujo y reflujo perpetuo en los precios de mercado”.
Cuando nos habla de los mercados, entonces Smith no lo hace de Newton, sino de Aristóteles y Cantillon.
El método de Newton
Que no haya una vinculación directa entre el trabajo de Smith y los hallazgos de Newton en física -o que esta sea menor-, no significa que Newton no haya influenciado sobre Smith.
Esto lo podemos comenzar a apreciar revisando “Los Principios que Lideran y Dirigen los Interrogantes Filosóficos; Ilustrados por la Historia de la Astronomía”, título de un escrito muchas veces sintetizado como “Historia de la Astronomía” y que Smith habría escrito antes de 1758 y posiblemente de 1750 (es previo a la TSM).
En estas menos de 72 páginas, publicadas luego de su muerte y que habrían sido parte de su gran proyecto editorial, nos relata los avances de Newton en astronomía, pero apuntando a Newton como filósofo no como astrónomo (punto 67: “El genio y la sagacidad superior de Sir Isaac Newton, por lo tanto, logró el más feliz, y podríamos decir hoy, la más grande y admirable mejora jamás hecha a la filosofía, cuando descubrió que podía unir el movimiento de los planetas,…”) haciendo hincapié en lo que para él fue más relevante, lo que llamó el “sistema de Sir Isaac Newton” (punto 76: “Tal es el sistema de Sir Isaac Newton, un sistema cuyas partes están todas más estrictamente conectadas, que aquellas de cualquier otra hipótesis filosófica”).
Asi, “La historia de la Astronomía” está lejísimos de demostrar los conocimientos matemáticos de Smith ya que no es en un trabajo sobre la historia de la astronomía, mucho menos sobre astronomía (el estudio de los astros), sino sobre la evolución y el desarrollo del pensamiento científico, donde coloca a Newton como el pináculo de la sabiduría.
Smith y las Matemáticas
Cuando Smith tenía 4 años, Isaac Newton murió, así que no se conocieron. La admiración y el reconocimiento que tenía por el genio ingles era algo típico de su época, sin embargo, su gran referente en lo concerniente a la matemática y la física fue Robert Simson, uno de los principales “Newtonianos” de la época y su profesor de Matemática de la Universidad de Glasgow.
Simson había saltado a la fama cuando publicó un folleto de 11 páginas, “Pappi Alexandrini propositiones duae generales, quibus plura ex Euclidis porismatis complexus est, restituta a viro doctissimo”. Con este trabajo resolvió algunos de las incógnitas que habían quedado por la desaparición de los libros de Euclides y Pappo sobre “porismos”.
No me quiero ir por las ramas, pero esto merece una aclaración: un porismo no es una construcción lógica como puede ser un problema, ni dice que algo es siempre verdad (como sería un teorema) sino que habla de la existencia de una relación fija que funciona para todos los casos de una clase completa de problemas. Según Simson es: “Una proposición que afirma la posibilidad de encontrar ciertas condiciones que harán que un problema dado sea indeterminado, o sea capaz de tener infinitas soluciones”.
No importa demasiado que el lector lo entienda, más allá de apreciar que es en esa fusión del cálculo de Newton con la geometría euclidiana y la experimentación de Simson, que se conforma la base detrás de la filosofía moral y política de Smith.
Newton es la referencia última, pero es la metodología de Simson lo que le permite a Smith aplicar el rigor de Newton a los fenómenos sociales y humanos, desarrollando un sistema que es más geométrico o observacional que algebraico. Cuando nos habla del dinero y la economía, Smith no “hace física ni matemática”, lo que hace es “geometría” sobre el comportamiento humano.
Para decirlo de manera más directa, Simson es el filtro que interpretó a Newton y a través del cual Smith accede a él, si Newton le provee “el sistema”, el método se lo da Simson (a quien en la última edición de la TMS definió como “de todos los hombres con los que alguna vez tuve trato, fue aquel, que en su conducta y su conversación, fue el más correcto, el más caballeroso y el más agradable”); sin Simson el trabajo de Adam Smith hubiera sido completamente diferente.
Se entiende así que cuando en 1751 Glasgow le da a Smith la catedra de Lógica y Metafísica, se aparta de la estructura convencional para su época, y en lugar de hacer hincapié en la lógica Aristotélica como era la costumbre, apuntó a la retórica, crítica literaria, teoría del lenguaje y de la comunicación (“Lectures on Rhetoric and Belles Lettres”); John Millar lo sintetiza diciendo que sus clases eran más sobre el arte de la comunicación y la persuasión que la lógica deductiva (esto Smith lo trasladó luego cuando lo designaron profesor de Filosofía Moral).
Con esto en mente, podemos entender que LRN sea un texto discursivo y no encontremos ni una sola fórmula matemática (a pesar de que Smith estaba capacitado para ello), apenas una tabla de datos (el precio del trigo en plata al final del Cap.XI del Libro I), veamos unos pocos ejemplos numéricos: La fábrica de alfileres del Cap. I del Libro I; Los precios y la acuñación de moneda del Cap. 5, Libro I; Precios y salarios en diferentes épocas, Cap.8 y 11, Libro I; La pesca de arenques, Libros IV y V agregados en la 3er y 4ta edición) y algunos ejemplos más, que no llegan a superar la veintena, y que en total no haya mas de 250 referencia numéricas (precios, años, cantidades, etc.).
Así no sorprende que en el Libro IV, Cap. V “Digresión Concerniente al Comercio y las Leyes del Maíz” sostiene: “No tengo mucha fe en la aritmética política, y no pretendo garantizar la exactitud de ninguno de estos cálculos” (los “aritméticos políticos” eran los estadígrafos de la época).
Cómo financiar un libro
Un punto interesante y que no podemos dejar escapar es la aseveración de Milei durante la charla del 18 de marzo que la publicación de la “Teoría de los sentimientos morales” (TSM; 1759), fue lo que le permitió a Smith conseguir el financiamiento para escribir “LRN” (1776).
La realidad es que Smith no necesitó que nadie le financiara la TSM que fue, como el mismo aclarara, la primera parte de un proyecto mucho más grande que nunca terminó. Así vemos en el último párrafo de su primera edición:
“Procuraré en otro discurso, relatar los principios generales de la ley y el gobierno, así como de los diferentes cambios que estos han experimentado a lo largo de las distintas épocas y periodos de la sociedad; no solo en lo que concierne a la justicia, sino también en lo relativo a la política, la hacienda, las armas y cualquier otro asunto que sea objeto de la ley”.
Cuando Milei nos dice que “A su vez, en mi opinión, Adam Smith no estaba pensando en crear un nuevo campo de estudio, sino más bien de generar un texto que contuviera el material para una de las cuatro partes de su curso de filosofía moral: (i) teología, (ii) ética, (iii) jurisprudencia y (iv) economía política”, algún pecado pareciera estar cometiendo.
Un punto que los malos lectores de Smith suelen pasar por alto es que Según Dugald Stewart, contemporáneo y el primer biógrafo de Smith (1793), en 1755 cuatro años antes de la publicación de TSM, Adam presentó un escrito, -posiblemente- a la Sociedad Filosófica de Edimburgo (el llamado “Manifiesto de 1755”), donde estaban concentradas “las opiniones más importantes” que luego amplió en “La Riqueza”. Lamentablemente el escrito se perdió y si quedaba algo, desapareció cuando poco antes de morir Smith ordenó quemar casi todos sus papeles y anotaciones.
Lo que si tenemos como antecedente de LRN es el que se ha dado a conocer como “An Early Draft of Part of The Wealth of Nation” de 1763, un esbozo preliminar -en realidad es mucho más que un esbozo ya que encontramos muchos de sus argumentos de base-, transcripto por alguno de sus alumnos, en base a las notas de Smith.
La cosa es que antes de terminar la TSM, Smith ya pensaba seguir escribiendo y antes de irse de la Universidad había comenzado LRN, habiendo demostrado que tenía la capacidad de elaborar un texto de 551/573 páginas, que le llevó siete años de trabajo, sin ningún auxilio económico más allá de las 150-200 libras que ganaba como profesor y los puestos administrativos que tuvo en la Universidad de Glasgow, a lo que sumaba lo que lograba de sus alumnos particulares.
Adam Smith ingresó en 1751 como profesor de Lógica, fue designado profesor de Filosofía Moral entre 1752 y 1764, en paralelo responsable (Quaestor) de la biblioteca a partir de 1758; quedó a cargo del personal académico (Dean), entre 1760-62; fue Vicerrector en 1763 y Praeses, en varias oportunidades.
Seguramente el dinero que le aportó la TSM mal no le venía. Pero no tuvo nada que ver ni con la decisión ni la financiación de LRN.
Desde un principio la TSM fue un éxito, un “best seller” de su época, con 1.000 ejemplares la primer edición y unas 750 las tres restantes hasta que apareció “LRN”, todas impresas por William Strahan -uno de los amigos de Smith e impresores más prestigiosos de Londres- quien le dio la distribución a Andrew Millar en Londres y a Alexander Kincaid & John Bell en Edimburgo, que fueron los que pusieron la plata.
Aun antes que se secara la tinta, ya se habían vendido dos tercios de los libros, a pesar de que no eran baratos: unos 5 o 6 chelines cada uno. Esto llevó casi de manera inmediata a que apareciera una edición “pirata” de entre 500 y 1000 libros a mitad de precio, impresa por Wilson y Exshaw en Irlanda, donde no se aplicaba la ley de copyright.
A grandes rasgos podemos pensar que la TSM generó algo en torno a las 1.000 libras esterlinas, una fortuna para la época. El problema es que en aquella época cerca del 40% de esto se lo quedaban las librerías, 30% iba para materiales y 20% eran gastos de impresión y armado. Así tenemos 100 libras para repartir entre el impresor/editor y el autor.
Se estima que Smith recibió en la mano y de manera anticipada unas 40 libras con las cuales se dio por muy bien pagado (en aquella época no existían los royalties por el derecho de autor). Con las sucesivas revisiones le reconocieron algún pago adicional y le regalaron algunos libros de su interés.
¿Suficiente como para dedicarse a escribir otro libro, como sostiene Milei? De ninguna manera.
El camino a la fortuna
En 1763 Smith fue contratado por Charles Townshend para servir de tutor y compañero de viaje de su hijastro Henry Scott, el 3er Duque de Buccleuch de 17 años, recibiendo un pago de 300 libras al año más gastos y una pensión de por vida de 300 libras a partir del momento en que finalizara el ciclo de enseñanza, por lo que abandonó la enseñanza universitaria.
La idea era que Smith preparara a Henry para manejar las propiedades que iba a heredar y se preparara para la carrera política, enseñándole filosofía moral y ética, leyes, economía política, retórica, historia y conociera algo del mundo viajando a Francia y Suiza, para contactar otras culturas y algunos de los principales referentes de su época (en particular Quesnay, Turgot y Voltaire, a quien Smith consideraba la mente más brillante que Francia había generado). El Grand Tour finalizó abruptamente a los 24 meses cuando murió el hermano menor de Henry y tuvieron que volver a Londres.
A partir de entonces, Smith con su futuro asegurado, se retiró a vivir a la casa de su madre en Kirkcaldy (Escocia) junto su prima Janet Douglas, dedicándose de lleno a escribir La Riqueza de las Naciones. En 1778 con las 500 libras que había recibido dos años antes de Strahan por “La Riqueza”, y designado Comisionado de la Aduana, con un sueldo de 600 libras al año, los tres se mudaron a Panmure House en Edimburgo, donde fueron muriendo, ya ricos.
Es cierto que la TSM había sido una carta de presentación importante y colocó a Smith como uno de los referentes filosóficos de su época, pero monetariamente “no le movió el amperímetro” y fue sin dudas su calidad como profesor y persona lo que abrió la puerta a la relación con su protector, el Duque de Buccleuch
Por una cuestión de respeto a la investidura presidencial, debería seguir desgranando las enjundiosas aseveraciones de Javier Milei y sus amigos sobre la figura de Adam Smith, pero por una cuestión de respeto a los lectores -que seguramente ya estarán más que aburridos con tanta historia- dejo aquí, convencido que con lo poco comentado sabrán evaluar en algo mejor la verdadera enjundia de nuestro primer mandatario.
Ah!, antes de terminar, no fue lo que escribió sino el agradecimiento de Henry Scott, con quien mantuvo una estrecha relación a lo largo de su vida, lo que lo colocó en el trabajo en el que terminó su vida (Smith ofreció anular la pensión de 300 libras, pero el Duque se reusó; algo similar le habría ocurrido en 1764 cuando renunció a Glasgow y quiso devolverle el dinero cobrado a sus alumnos). La ironía es que desde ahí, quien tanto había escrito en contra de las prácticas mercantilistas de Gran Bretaña terminó siendo uno de sus mejores guardianes.
