El gigante farmacéutico Eli Lilly (LLY) enfrenta un cambio de percepción en el mercado luego de que HSBC recortara su recomendación sobre sus acciones (y Cedears), encendiendo señales de alerta tras un período de fuerte suba impulsado por el boom de los medicamentos para la obesidad.
Concretamente, la entidad bajó la calificación desde “mantener” a “reducir” y recortó su precio objetivo desde u$s1.070 a u$s850, lo que implica un ajuste significativo frente a las valuaciones previas.
La decisión tuvo impacto inmediato: el papel llegó a caer cerca de 5% en una sola rueda, ubicándose entre los de peor desempeño del S&P 500 en la jornada.
HSBC no confía tanto en el mercado de pérdida de peso
El principal argumento detrás del downgrade es que el mercado podría estar sobreestimando el potencial del negocio de fármacos para bajar de peso, uno de los motores clave del rally reciente de la compañía.
Mientras muchas proyecciones ubican el tamaño del mercado en torno a los u$s150.000 millones, HSBC considera que una estimación más realista se sitúa entre u$s80.000 y u$s120.000 millones hacia 2032.
Este ajuste en las expectativas implica que buena parte del optimismo ya estaría incorporado en el precio de la acción. De hecho, los analistas advierten que el papel luce “priceado a la perfección”, lo que limita el potencial de subas adicionales en el corto plazo.
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Otro factor clave es la creciente presión competitiva. Novo Nordisk, principal rival en el segmento de tratamientos para la obesidad, podría intensificar la guerra de precios, afectando los márgenes de toda la industria. A esto se suman recortes de precios previstos para 2026, lo que refuerza la idea de un entorno menos favorable para la rentabilidad.
Negocio poco sostenible
Además, HSBC pone el foco en la sostenibilidad del modelo de negocio, especialmente en el canal de ventas directas al consumidor. Una parte relevante de la demanda proviene de pacientes que pagan de su bolsillo (con costos que pueden oscilar entre US$299 y US$449 mensuales), un esquema que podría verse afectado ante un deterioro económico o cambios en el mercado laboral.
También surgen dudas sobre el futuro de los nuevos productos, como las versiones en píldora de los tratamientos GLP-1. Si bien estos medicamentos podrían ampliar el acceso, los analistas advierten que su efectividad podría ser menor que la de las inyecciones y que la adherencia de los pacientes podría decepcionar, impactando las proyecciones de ventas.
En paralelo, la compañía muestra señales de presión en su estructura financiera, como el aumento del capital de trabajo vinculado a la acumulación de inventarios para nuevos lanzamientos. Esto podría anticipar un escenario de márgenes más ajustados en los próximos años.
