La posibilidad de llegar a un departamento propio volvió a ponerse sobre la mesa a partir del regreso de los créditos hipotecarios. En pleno inicio de 2026, quienes evalúan cambiar de vivienda o acceder a un departamento propio por primera vez ponen sobre la mesa esta opción.
La pregunta que más se repite y la básica para poder acceder a un préstamos es cuál es el ingreso mínimo que debo tener para que el banco diga que sí. El número no es único, cambia según entidad, valor del inmueble y condiciones macro, pero marca un piso que deja afuera a buena parte de la población.
La cotización del dólar vuelve a jugar un rol central porque el mercado inmobiliario sigue tomando referencias en moneda estadounidense. Cuando el tipo de cambio se mueve, los precios de publicación suelen reaccionar, a veces rápido, a veces con rezago. Ese vaivén impacta directo en el monto a financiar y, en consecuencia, en el salario requerido para sostener la cuota sin quedar al límite.
A eso se agrega un escenario económico que todavía muestra zonas grises. Inflación en desaceleración, pero costos de vida elevados; salarios que corren detrás; y bancos que ajustan criterios con cautela. No es un rompecabezas simple: acceder a un préstamo hoy implica hacer cuentas finas y asumir que las reglas pueden cambiar en el camino.
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Crédito hipotecario: ingresos mínimos que exigen los bancos
Las principales entidades financieras coinciden en un punto: la cuota mensual no puede superar entre 25% y 30% del ingreso neto familiar. Desde ahí se arma toda la ingeniería.
Para un departamento usado de dos ambientes en una zona urbana media, con valores que rondan los US$80.000 a US$100.000, el banco suele financiar hasta 70% u 80% del precio, siempre que el solicitante aporte el resto como ahorro previo.
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Con esos parámetros, los ingresos exigidos arrancan en cifras que hoy se ubican, según simulaciones bancarias, entre $2,5 y $3,5 millones mensuales para un grupo familiar. El rango se explica por diferencias de tasa, plazo y sistema de actualización. Algunos préstamos ajustan por UVA, otros combinan esquemas, pero todos parten de la misma lógica: cubrirse frente a posibles sobresaltos.
Además, si el tipo de cambio sube y los precios inmobiliarios acompañan, el monto a financiar crece. Si queda planchado, algunos valores se acomodan hacia abajo en términos reales. Esa tensión permanente explica por qué muchos interesados apuran consultas cuando el mercado da señales de calma.
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También hay letras chicas. Gastos de escrituración, impuestos, seguros y tasaciones no entran en el préstamo y salen del bolsillo del comprador. En números finos, ese extra puede sumar entre 5% y 10% del valor total, un detalle que suele pasarse por alto al hacer la primera cuenta rápida.
En 2026, el acceso al crédito hipotecario requiere ingresos altos, planificación y cierta espalda para enfrentar posibles cambios en el camino.
