Diálogos de Wall Street: el mercado esconde una procesión de cambios muy violentos, ¿tempestad inminente?


Periodista: En apariencia, sobre la superficie, no pasa gran cosa en Wall Street. En diciembre, el S&P 500 estaba a tiro de cruzar el umbral de los 7.000 puntos. No pudo ser para las fiestas. Parecía inevitable si el mercado alcista aceleraba en enero. Y, por cierto, eso fue lo que ocurrió. Pero, primero rotó y cambió de foco. Después, sí, aceleró. Solo que montado en otras acciones. El bull market renovó sus credenciales. Los 7.000 puntos del S&P 500, sin embargo, siguen ahí, cercanos pero inaccesibles.

P.: Muchísimas. No diría que la tecnología cayó en desgracia, pero los inversores tomaron prudente distancia. Y la Inteligencia Artificial (IA), sin perder dinamismo, sin dejar de ser una esperanza, se convirtió también, y a la par, en una amenaza inquietante.

P.: Amazon y Microsoft se precipitaron, con rapidez, en sendos mercados bajistas. ¿Es el caso de ambos?

G.G.: Nadie es lo suficientemente grande para estar cubierto si resulta que la IA cae del lado desfavorable para sus negocios. No se sabe. La moneda está en el aire. Y nadie está libre de sospecha, como ya vimos. Hay sectores enteros que se pasaron a degüello. Por las dudas.

P.: Software, compañías de seguros, brokers financieros…

G.G.: Las dos últimas semanas la volatilidad implícita de la Bolsa fue muy alta y no afloja. El índice VIX se mantiene en un rango entre 18 y 22. Ayer llegó a rozar 22,96. Pero después se tranquilizó.

P.: ¿En condiciones normales sería el presagio de una caída fuerte? ¿Quizás, hasta de un fin de fiesta?

G.G.: No son condiciones normales. Sin ir más lejos, los especuladores en Chicago tienen una posición vendida en el VIX que es enorme. Debería ser al revés. El Nasdaq cayó 2,5% en lo que va del año. El S&P 500 (+0,21%) hace la plancha. Pero la fortaleza del mercado bull es indiscutible. Solo que su vigor proviene de lo que usualmente es su flanco más endeble.

P.: Los últimos de ayer hoy son los primeros…

G.G.: El índice S&P Small Cap 600 subió 9%. El Mid Cap 400, 8%. El Dow Jones Industrial trepó 3,2%. El Dow Jones de Transportes, 12,8%.

P.: No asistimos al hundimiento del Titanic. Solamente de los pasajeros que viajaban en primera clase.

G.G.: Podríamos haber sufrido una caída violenta generalizada y después ensayado, con suerte, un rebote de los sectores rezagados.

P.: Eso sería más normal.

G.G.: Reflejaría mejor las dudas y los titubeos que tironean el ánimo de los inversores cuando están sometidos a un cuadro de incertidumbre que crece con mucha rapidez.

P.: ¿El principal culpable de esa incertidumbre es la bonanza de la IA? ¿O me equivoco?

G.G.: Cada vez que Anthropic hace un nuevo lanzamiento, uno se pregunta quiénes serán los condenados —o, más bien, los sospechosos— que van a ir a la picota. Lo que sorprende es la capacidad simultánea del mercado de hacer una verónica y elegir otros papeles para subirse y continuar la lidia sin abandonarla.

P.: Asombroso, sí, que se conserve la templanza.

G.G.: Tome el caso del S&P 500. En lo que va del año no hizo nada. Pero la mediana del S&P 500 trepó 7%. Hay 200 papeles que llevan un avance de dos dígitos.

eeuu wall street

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P.: Teníamos un mercado bull fabuloso que se basaba en la pujanza de las Siete Magníficas. Hoy lo impulsan las otras 493 acciones de la canasta…

G.G.: Y las que más empujan están afuera del índice porque no dan la talla para integrarlo.

P.: ¿De la fe ciega en la tecnología pasamos a apostar por el éxito de la Armada Brancaleone? ¿No es una señal de fin de fiesta?

G.G.: Si todo estuviera en alza, sí. Pero acá estamos separando la paja del trigo y dándole a ambos componentes tratamientos muy diferentes.

P.: ¿Servirán para algo? ¿De dónde brota esa inusitada confianza? ¿Cuál es la lógica?

G.G.: Lo que el mercado alcista necesita es una economía saludable. Ni más ni menos. Y eso lo tiene. Tome los tres sectores más robustos: materiales básicos (+26%), industriales (+17%) y energía (+15,9%). La fe en la extensión del ciclo económico es lo que los soporta. La Bolsa cambió rápido de montura. Desensilló de la tecnología y no quiere tocar las compañías que cree expuestas a la disrupción de la IA. Había una caballada fresca disponible para tomar la posta. Y así zafó del brete.

P.: ¿Es una apuesta al crecimiento, entonces?

G.G.: Nada crece más rápido que la tecnología y la IA. Pero es una revolución vertiginosa que producirá ganadores y perdedores. Y no se sabe, a ciencia cierta, quiénes serán unos y otros. Los consumidores pueden llevarse gran parte de los beneficios —y ellos no cotizan en Bolsa—. El otro problema son los extraordinarios presupuestos de inversión que demanda el desarrollo de la IA.

P.: ¿Y tampoco se sabe cómo se van a monetizar y recuperar?

G.G.: Es una pulseada. Hay reticencia a financiarlos y las compañías no dan el brazo a torcer porque el que se queda sin suficiente combustible perderá la carrera. En esa encrucijada, el inversor busca otros horizontes. Dentro y fuera de EE.UU.

P.: ¿Como respuesta a las Trumponomics?

G.G.: Correcto. Se priorizan alternativas que tengan “valor”, aunque haya que aceptar menores promesas de crecimiento.

P.: ¿Wall Street corre detrás de las Bolsas del resto del mundo?

G.G.: Las valuaciones se están arbitrando internacionalmente. Es un efecto de Trump 2.0 no deseado por Trump. Los managers hacen un espacio creciente a Europa y a los emergentes. Es el mismo movimiento que rescató del olvido a las compañías medianas y pequeñas.

P.: ¿Está más cerca de pasarse de la raya?

G.G.: El 85% de los managers que encuesta Bank of America piensa que las Bolsas europeas van a funcionar mejor que Wall Street. Un tercio tiene sobreexposición en Europa. ¿Cuán cerca estamos de pasarnos de la raya? No lo sé. Los “trades” más populares —oro y tecnología— ya tuvieron cortocircuitos, pero primero llegaron a niveles de euforia altísimos que todavía no vemos aquí. Es muy difícil alimentar una confianza ciega en Europa. Como ve, no hay mal que por bien no venga.





Fuente: Ambito

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