El banco central considera que una intervención generaría más riesgos que beneficios y podría hundir aún más al yen.
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, podría no contar con el respaldo del Banco de Japón (BoJ) para contener la fuerte suba en los rendimientos de los bonos soberanos. El costo de una intervención sería demasiado elevado y podría desencadenar una caída adicional del yen, que ya atraviesa un período de debilidad en la antesala de las elecciones el próximo 8 de febrero.
La novedad se desprende de Reuters, que consultó con tres fuentes cercanas a la autoridad monetaria que indicaron que los recientes movimientos del mercado no alcanzan el umbral requerido para una intervención, la cual había sido barajada en la última reunión de política monetaria del 22 y 23 de enero.
En aquel momento, un miembro del directorio advirtió sobre el «aumento unilateral» de la curva de rendimientos, mientras que otro alertó sobre la alta volatilidad en los bonos de muy largo plazo. A su vez, el gobernador del BoJ, Kazuo Ueda, intensificó su tono de advertencia al describir el ritmo de suba de los rendimientos como «bastante rápido», aunque los mercados recuperaron cierta calma desde entonces.
sanae takaichi
Gentileza: CNN
Elecciones y peligro fiscal
Los bonos del Estado japonés (JGB, por sus siglas en inglés) entraron en caída libre a finales del mes pasado, generando turbulencias en los mercados de deuda a nivel global, ya que el país asiático es el origen de uno de los «carry trade» más grandes del mundo, debido a su bajo nivel de financiamiento.
El detonante fue la convocatoria a elecciones anticipadas por parte de la primera ministra Sanae Takaichi y su promesa de suspender por dos años un impuesto sobre alimentos, medida que encendió las alarmas sobre un incremento del gasto fiscal en un país con una deuda pública de las más altas del mundo.
Las crecientes expectativas de que el partido de Takaichi logre una victoria contundente en las elecciones del domingo mantienen en vilo a los inversores. Una amplia mayoría en las urnas le daría luz verde a su política fiscal expansiva, profundizando las preocupaciones por el deterioro de las finanzas públicas niponas.
Este desafío coloca al Banco de Japón en una encrucijada. Cualquier intento de mantener bajas las tasas de interés de los bonos a largo plazo chocaría con su estrategia de suba gradual de tasas, diseñada para moderar las presiones inflacionarias derivadas de la depreciación del yen.
