
Desde Roma
En una audiencia ante el tribunal penal de Roma, el militar uruguayo Jorge Troccoli, condenado en Italia a cadena perpetua por delitos del Plan Cóndor en 2021, tuvo la oportunidad de responder por más de tres horas a numerosas preguntas de los fiscales y de los abogados de las víctimas del nuevo juicio por la muerte y desaparición de Rafaella Filipazzi (italiana) y su esposo José Agustín Potenza(argentino) y de Elena Quinteros (uruguaya).
Troccoli empezó el interrogatorio —-presidido por la jueza Antonella Capri– diciendo “yo no soy un delincuente, no soy un criminal. Y no maté a nadie. Mi país nunca me hizo ninguna acusación”. Cuando en realidad su país quiso procesarlo en 2007, pero él se escapó a Italia porque tenía pasaporte italiano. Vivió en Marina di Camerota (Calabria, sur del país) donde fue descubierto años después. En julio del 2021, fue condenado a cadena perpetua al concluirse en Roma el llamado Juicio Cóndor, contra 13 militares y civiles latinoamericanos por la muerte de 43 ciudadanos de distintos países. Desde ese momento vive en la cárcel.
Las respuestas de Troccoli
Algunas de las respuestas de Troccoli en la audiencia fueron bastante genéricas y otras no tanto. Por ejemplo cuando se le preguntó sobre las torturas en los centros de detención que él dijo que no conocía porque en el Fusna (Cuerpo de Fusileros Navales que era parte del Comando General de la Armada uruguaya) donde trabajaba, no ocurrían. “La tortura es parte de la naturaleza humana”, agregó, dejando sin palabras a las personas presentes en la audiencia y justificando de alguna manera el accionar de los torturadores. Además, criticó a las organizaciones de Derechos Humanos porque “nunca han hecho investigaciones científicas sobre este tema”.
Y cuando el fiscal insistió preguntándole si conocía las torturas con picana eléctrica o el llamado “submarino” (durante el cual metían la cabeza del detenido en el agua con la amenaza de ahogarlo si no confesaba) dijo que nada sabía de las torturas porque trabajaba haciendo “análisis de Inteligencia entre los países latinoamericanos”.
“¿Cómo se hacían los interrogatorios?”, le preguntó el abogado Speranzoni. Según Troccoli, en Fusna no se torturaba y los detenidos que colaboraban lo hacían a cambio de algo. ¿Usted excluye que algunos hayan colaborado a causa de las torturas? “Sí lo excluyo”, dijo.
Cuando se le preguntó los nombres de las personas con las que trabajaba, muchas veces contestó “no me acuerdo”, que en parte podría ser cierto, dada su edad (79 años) pero también como una justificación para no dar ciertos datos y comprometer a otros de sus colegas. Sobre los nombres de los torturadores afirmó que no los sabía.
«Si Troccoli contesta a las preguntas dando detalles sobre su accionar y tal vez de otros personajes de las dictaduras, que ayuden a entender mejor la marcha de los acontecimientos, podría obtener una disminución de la pena y adquirir algunas ventajas también para la cadena perpetua que está cumpliendo en Italia», explicó a Página/12 el abogado Andrea Speranzoni, que defiende a los familiares de la Filipazzi. Pero las respuestas deben ser detalladas, no genéricas, precisó el abogado.
El Plan Cóndor
Otra cosa increíble que dijo Troccoli fue que nada sabía y que se enteró mucho después, de la existencia del Plan Cóndor, el sistema de cooperación entre las distintas dictaduras latinoamericanas (Argentina, Bolivia, Paraguay, Chile y Uruguay), estimulado por Estados Unidos y nacido en 1975, que permitía secuestrar a los opositores de las dictaduras o supuestos opositores, que Troccoli llamaba “terroristas”, y enviarlos a cualquiera de los países aliados para torturarlos y hacerlos desaparecer.
“En 2015 cuando empezó el juicio Cóndor y sentí hablar de eso, yo estaba convencido de que era todo un invento de la prensa. Yo no sabía nada de eso. Era secreto”. El Fusna, para el que él trabajó, fue creado en 1972 y ubicado en un gran edificio con galpones en las afueras de Montevideo, y se transformó luego en una cárcel para presos políticos y en un centro clandestino de detención y tortura. Troccoli fue además miembro de los servicios secretos de la marina uruguaya llamados S2 y reconoció haber colaborado también como consejero de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada argentina, transformada luego en una cárcel clandestina), “siempre haciendo análisis de Inteligencia”, y por eso viajó tres veces a Buenos Aires. Pero a pesar de todo repitió varias veces que él nada sabía del Plan Cóndor.
Aunque reconoció que Fusna tenía una unidad especial que “combatía al terrorismo” de distintos grupos como los guerrilleros Tupamaros y el Partido Comunista de Uruguay, entre otros. Y que la inteligencia de Argentina y Uruguay intercambiaban información sobre los “terroristas”. En este contexto, reconoció que había conocido a Alfredo Astiz, miembro de la marina argentina que trabajó en la ESMA y del Grupo de Tareas 322 que hacía secuestros y se infiltraba en distintas organizaciones de derechos humanos.
Interrogado por Página/12 sobre la validez de las respuestas de Troccoli, el abogado defensor del estado italiano, Luca Ventrella, dijo le están “haciendo un examen al acusado, pero que el acusado tiene derecho a mentir. Antes de Troccoli fueron escuchados muchos otros testigos. Estamos casi al final del proceso. El imputado decidió ahora someterse a este examen y no hacer declaraciones espontáneas. Dio su versión. Habrá que verificar si es verosímil, si dice cosas inventadas no son una prueba”.
Mientras tanto los abogados de Troccoli, que presentaron como pruebas a su favor una serie de artículos de diarios y unos libros -pruebas no creíbles según los defensores de los familiares de las víctimas- , protestaron varias veces durante la audiencia por las preguntas insistentes que se hacían a su defendido.
En la pequeña sala de la audiencia del jueves se vio aparecer brevemente y saludar a los defensores de Troccoli, a Carlo Taormina, quien fue uno de los abogados del SS nazi Erich Priebke. El nazi que vivió en Bariloche muchos años, fue extraditado a Italia, procesado y condenado en 1998 a cadena perpetua por la Matanza de las Fosas Ardeatinas (335 muertos) ocurrida en Roma en 1944. Murió en 2013.
Aconsejado seguramente por sus abogados, Troccoli concluyó su testimonio pidiendo perdón a los familiares de los desaparecidos, algo sorprendente pero que podría influir a su favor en la futura condena. Además, usó la palabra “desaparecidos”, que durante la audiencia había criticado, para decir que “los desaparecidos son muertos, pero nadie quiere reconocerlo». «Se hace un uso conveniente y abusivo de la palabra desaparecidos. Incluso en Italia se habla de desaparecidos y no de muertos”, añadió.
“Quiero decir que Uruguay ha sufrido una tragedia como tantos otros países -completó Troccoli-. Todos nos hemos equivocado. Ellos han atacado una democracia y nosotros hemos dado una respuesta exagerada y ha comenzado un recorrido de odio que no debe continuar. Nadie ha pedido perdón por esto. Puedo hacerlo yo como un primer paso. A los familiares de los desaparecidos les pido perdón por lo que ha sucedido. Espero un paso similar de ustedes. Y que esto pueda ser una fórmula para dejar libres a todos los detenidos políticos y militares, sin condena, sin acusaciones, que están en la cárcel desde hace años. Esto debe terminar”.
Quienes eran las víctimas
Potenza y Filipazzi fueron secuestrados en Montevideo en 1977 y trasladados a Paraguay, donde fueron asesinados. Potenza trabajaba en la Biblioteca del Congreso Nacional en Buenos Aires. Era peronista. Su esposa Rafaella, nacida en la ciudad italiana de Brescia, llegó con sus padres a Argentina cuando tenía poco más de un año. Sus padres escapaban de la Segunda Guerra Mundial. José Luis y Raffaella vivieron en Buenos Aires, pero al parecer viajaban a menudo a Uruguay. En el Hotel Hermitage de Montevideo fueron secuestrados. Potenza fue llevado a un centro de detención clandestino de Asunción del Paraguay llamado “La Emboscada” mientras su esposa fue llevada a la cárcel “El Buen Pastor” de la capital paraguaya. Sus restos fueron encontrados años más tarde en Asunción. Troccoli, en cambio, dijo que Filipazzi había sido amiga de la amante del dictador paraguayo Alfredo Stroessner y, por eso, ella y el marido habían sido tratados como príncipes y devueltos al hotel donde habían sido arrestados.
La maestra Elena Quinteros era una activa militante del sindicato de trabajadores de la educación y de la Federación Anarquista Uruguaya. El 26 de junio de 1976 fue arrestada y llevada al centro clandestino de detención “300 Carlos”. El 28 de junio se hizo llevar cerca de la embajada de Venezuela diciendo que delataría así a un contacto suyo. Pero en realidad trató, sin éxito, de escapar pidiendo asilo a la embajada. Fue llevada al batallón de Infantería 13 donde la torturaron salvajemente. Sus restos nunca aparecieron.