El libro, que se plantea “un viaje al pasado en busca de herramientas para romper el loop que condena a la Argentina”, presenta capítulos breves de retratos geopolíticos y explicaciones detalladas de los instrumentos financieros en los que se respaldaron las últimas gestiones nacionales para lograr un anhelo que nuestro país parece tener vedado: la estabilidad económica. En sus páginas se retrata el trauma de la inflación, que en la Argentina cumplirá su 74° aniversario y solo tiene otro elemento más inquietante en la dificultad de la sostenibilidad de las políticas en las alternancias, entre antagonismos sin concesiones contra el FMI y pedidos de salvatajes, entre fijación de precios y apertura total del mercado.
Existe un espíritu de pedagogía histórica en narrar las decisiones imitadas en distintas gestiones para provocar alivios circunstanciales (ajustes fiscales, aumentos de precios, señales a los mercados desde los medios de comunicación) o la recurrencia de planes como respuestas a los fracasos económicos: desde la tablita de Martínez de Hoz hasta la guerra contra la inflación de Alberto Fernández, pasando por el Plan Austral (1985), el Plan Primavera (1987), el Plan Bunge y Born (1989) y el Plan Bonex (1989). Todos esos intentos no hicieron más que profundizar la sensación de que no había modelo institucional capaz de terminar con la escalada de precios.
Marina Dal Poggetto Daniel Kerner
Es entonces que llega la década menemista, al que el libro aborda tendiendo puentes de paralelismos y diferencias con la actualidad, con un desarrollo exhaustivo de sus instrumentos financieros pero aptos para lecturas no especializadas, que pueden captar la principal la principal audacia de Carlos Menem: “Había detectado una necesidad de cambio”. Uno de los elementos más valiosos del rescate es la recuperación del pulso de esos años, en los que la promesa de Salariazo y Revolución Productiva se hilvanaba con la agenda del Consenso de Washington; en los que una mayoría legislativa absoluta le permitía reformar la Constitución y designar la Corte Suprema.
Solo ese costo institucional, en conjunto con la intervención del Banco Central y el agotamiento de la mayoría de los activos del Estado, garantizó tres años de calma económica. El resultado posterior, en conjunto con el fracaso de Fernando De la Rúa, terminaron por crear nuevamente un período de desestabilización, que como deja vú trae en 2023 una gestión que propone respuestas similares en un contexto disímil.
Allí ingresa la mirada de la economista y coautora Marina Dal Pogetto, que en diálogo con Ámbito analiza qué margen de generación de nuevas respuestas es posible cuando los traspiés son idénticos y qué alternativas existen para afrontar la “trinidad imposible”, que considera que “un país no puede tener al mismo tiempo tipo de cambio fijo, política monetaria independiente y cuenta capital abierta”.
Periodista (P.): Hay algo en lo que se insiste en el libro que es remarcar cómo se ancla una política económica en un contexto geopolítico. Allí aparece la diferencia entre Menem, que se alineó al contexto de los ‘90 post caída del Muro de Berlín, y Milei, que va a contramano de la tendencia al proteccionismo. ¿Piensa que hay una cuestión de intuición y anticipación de algo que vendrá o simplemente es una cuestión más dogmática?
Marina Dal Pogetto (M.D.P.): Diría que dogmático y táctico. Hasta ahora la alianza con Trump (porque ni siquiera es con Estados Unidos) le ha funcionado bien. A partir de eso llegó el primer acuerdo con el Fondo y sobre todo el salvataje de Besent, que le permitió llegar a la elección de medio término, recuperar caudal político y recuperar la capacidad de manejo de la economía. En este momento, donde aparece ya no sólo la doctrina Monroe sino la doctrina Donroe, tácticamente ha funcionado.
Lo que hay que ver es que Trump es proteccionista y ha intentado resolver su problema de balanza comercial por la vía mercantilista. Milei al revés: viene con ideas muy firmes y en términos económicos se está abriendo la economía en un mundo que se está cerrando, pero también es cierto que Argentina viene de una economía que era particularmente cerrada y donde los precios de los bienes eran absurdamente caros. O sea, la apertura de la economía era parte de cualquier programa económico. La discusión es con qué estrategia cambiaria y monetaria la terminas aplicando. En términos de daño sobre la actividad o sobre distintos sectores, pero sobre todo en términos de sustentabilidad.
P.: En referencia al tipo de cambio, también hay mucho hincapié en el proceso de la Convertibilidad, que le da un sustento de credibilidad del sistema. ¿Va por ese camino de búsqueda de credibilidad la nueva decisión de las bandas con ajuste por inflación?
M.D.P.: Son esquemas distintos y momentos de partida distintos. La Convertibilidad terminó siendo una decisión política de Menem que fue muy exitosa a corto plazo, que le permitió recuperar el caudal político, ganar la elección de 1991 y avanzar con reformas estructurales muy agresivas. Eso terminó siendo un lastre cuando el mundo fue abandonando los tipos de cambio fijo, porque Argentina quedó en un mundo de dólar fuerte, atada al dólar.
Hoy no estás en ese lugar. Para empezar, el programa económico no arrancó rompiendo contratos: no tuviste los primeros dos años previos a la Convertibilidad. Tampoco sanó el balance del Banco Central, con lo cual el problema de la deuda lo seguís teniendo como talón de Aquiles. Esto cierra si Argentina accede al crédito, como accediste en los ‘90, y podés empezar a refinanciar a plazos más largos y en condiciones razonables los vencimientos de la deuda de dólares, pero fundamentalmente los de la deuda en pesos, que es muy corta. Nunca resolvimos el problema de hoja de balance del Banco Central y tampoco tenés un esquema de tipo de cambio fijo, ni tenés una caja de conversión. A corto plazo estás operando con una prioridad que es anclar el tipo de cambio, o sea hoy no hay una política monetaria: la tasa de interés es endógena al esquema y el manejo de la liquidez del Banco Central lo estás haciendo priorizando el valor del tipo de cambio por sobre, si querés, la expansión del crédito.
Carlos Menem y Domingo Cavallo
No construiste anclas, o sea no resolviste tu problema financiero. Estás más cerca, con el riesgo país debajo de los 600 puntos básicos estás más cerca. Pero todavía no lo tenés, porque te vencen 14 billones de pesos por mes de deuda en pesos, estás con un esquema donde los controles de capitales a las empresas siguen funcionando y tu programa financiero tiene un nivel de regulación para asegurar el refinanciamiento de la deuda.
P.: Esta tensión entre la sostenibilidad política y la gestión económica se expresa muy bien en el libro con lo que ocurre con la discusión con el presidente del Banco Central del menemismo cuando se hablaba del Salariazo. Hoy el presidente se maneja con un perfil académico y es eslogan que “todo marcha acorde al plan”, pero después están las medidas más urgentes para salir de la coyuntura. ¿Hay mayor ortodoxia y apego a la técnica en la gestión de Milei?
M.D.P.: Siempre la narrativa va por un lado y la práctica política va por el otro. Cuando las papás queman, terminás haciendo un poco lo que hay que hacer y el dogmatismo te lleva puesto. Acá la prioridad es bajar la inflación y para eso han abusado del ancla cambiaria al principio y después han ido modificando el esquema cambiario en función de la escasez de dólares o de los que fueron consiguiendo con el blanqueo o el acuerdo con el Fondo.
La coyuntura es distinta, al igual que la herencia. Si querés, como paralelismo en los ‘90, Erman González fue ministro de Economía y presidente del Banco Central en simultáneo, y acá hay una coordinación enorme entre el Banco Central y Economía, porque el programa financiero lo manejan de la mano de Caputo y Bausilis: dada la dominancia fiscal que vos tenés implícita en el perfil de vencimiento de la deuda, si vos tuvieras independencia del Banco Central te hubiera llevado puesto.
Ahora, el punto es, ¿cómo construís un ancla? En la Convertibilidad, el ancla que terminaste construyendo fue una caja de conversión, que fue genial al principio y terminaste en una crisis terminal a pesar de todo el ajuste que intentaste hacer. Ahora es distinto, y por eso digo que ahora no tenés un esquema, porque el programa monetario está sujeto al esquema cambiario. El principal parecido es la demanda de la sociedad de estabilidad. La historia no se repite pero rima.
Sí es cierto que lo que tenemos es un aumento en la productividad, estamos buscando un cambio en los precios relativos, una apertura en la economía y un salto en la productividad. La contracara de ese salto en la productividad es un aumento en el desempleo. Desde ahí hay un parecido grande.Pero también es cierto que el mundo tenía un manual de cómo hacer para que los países emergentes se desarrolle y hoy la verdad es que no hay un manual.
P.: ¿Qué elementos ve de posible continuidad a pesar de una potencial alternancia, que puede ser en dos o en seis años?
M.D.P: El principal activo que tiene Milei es que la oposición está totalmente desmembrada. Él gana la elección con el 41% de los votos, aumenta enormemente su caudal político en el Congreso y tiene chances de pasar reformas que eran inverosímiles. Pero esto tiene costos: el esquema de atraso cambiario, al igual que la Convertibilidad, genera demanda, que funciona políticamente siempre y cuando tengas forma de financiarlo. Ahí el principal desafío es la posibilidad de acceder al crédito.
Te doy vuelta la propuesta: si el crédito llega a ser sostenible en el tiempo, lo mejor que te puede pasar es que haya una alternancia política que no ponga en duda los contratos como parte de la estrategia. Pero vos tuviste alguien como Alberto Fernández que dice que la deuda es impagable y llega Milei que dice que el peso se excremento como estrategia de campaña. Es un esquema de polarización y ese esquema no se sostiene.
El programa macroeconómico es un programa fiscal, que corta el financiamiento monetario del déficit. Está más cerca de tener un programa financiero, pero todavía depende en gran medida de los controles de capitales y de los vencimientos, cuyo peso sigue siendo gigante. Entonces, el principal activo que puede tener esto es que, como en la Convertibilidad, vos puedas tener una elección donde en la campaña vos no discutas la sostenibilidad de los contratos.
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