Dividir los gastos en una relación ya no implica necesariamente partir todo en mitades exactas. Cada vez más parejas optan por esquemas flexibles que contemplan ingresos, hábitos y objetivos comunes. Ese es el caso de Randy Liu, de 29 años, y Elena Demeester, de 27, una pareja de San Diego que encontró una forma de organizar sus finanzas sin recurrir al tradicional reparto 50/50.
Desde antes de convivir, Randy Liu registró cada gasto cotidiano, desde salidas a comer hasta compras personales, en una hoja de cálculo. Cuando inició su relación con Elena Demeester, ella le propuso que ambos hicieran lo mismo.
Tres años después, ese hábito se transformó en la base de un sistema financiero compartido que, según cuentan, les funciona de manera equilibrada.
Aunque ambos perciben salarios elevados, Liu gana algo más en el sector de capital privado, mientras que Demeester trabaja en la industria farmacéutica. Esa diferencia de ingresos fue clave para definir el reparto de gastos. En lugar de dividir todo en partes iguales, optaron por una distribución proporcional que refleja esa realidad económica.
“Quizás el dinero esté dividido 60/40, pero creemos que seguimos aportando 50/50 a la relación”, explicó Demeester, al remarcar que la equidad no siempre coincide con la igualdad matemática.
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Foto: Pixabay
Qué gastos se dividen y cuáles no
Dentro de su esquema, solo dos pagos se reparten de manera idéntica: la hipoteca, que asciende a u$s5.600 mensuales, y los servicios públicos. El resto de los gastos —supermercado, suscripciones, salidas y consumos cotidianos— se distribuyen de forma proporcional a los ingresos de cada uno.
Para llevar el control, utilizan una planilla de Excel que revisan todos los meses. Si detectan que el gasto conjunto se disparó, establecen un “mes de superahorro”, durante el cual reducen salidas y consumos no esenciales para volver al equilibrio.
A diferencia de otras parejas convivientes, Liu y Demeester no tienen una cuenta bancaria compartida. Prefieren mantener sus finanzas separadas y coordinar los gastos mediante registros claros. “No creo que planeemos fusionar cuentas nunca. Aun así, esto nos da propiedad sobre nuestro propio dinero”, sostuvo Demeester.
Lejos de verlo como una desventaja, ambos consideran que esta modalidad refuerza la responsabilidad individual y evita conflictos innecesarios, siempre que exista comunicación constante.
Una estrategia pensada a largo plazo
La pareja entiende que el reparto proporcional no es estático. A medida que sus carreras avancen, los porcentajes podrían modificarse. “Si hoy es 60/40, anticipo que en el futuro podría cambiar”, señaló Demeester, al considerar que el sistema se adapta a las distintas etapas de la vida laboral.
Aunque estudios en Estados Unidos y el Reino Unido indican que muchas parejas jóvenes todavía dividen los gastos 50/50, ese modelo dejó de ser el único. Especialistas en finanzas personales advierten que las divisiones proporcionales suelen resultar más justas cuando existen diferencias de ingresos.
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Scott Bishop, director gerente de Presidio Wealth Partners, explicó que la equidad financiera no siempre implica igualdad. “Veo parejas con problemas cuando los gastos se dividen de forma informal, uno paga el alquiler y el otro la comida, porque esos costos fluctúan y el resentimiento se acumula sin que nadie lo note”, señaló.
Según el especialista, una estructura clara evita conflictos y malentendidos, especialmente en las primeras etapas de la convivencia.
Claves para un reparto justo
Los expertos coinciden en algunos puntos fundamentales:
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La justicia no siempre es igualdad: si uno gana más, dividir de forma proporcional reduce la carga sobre quien percibe menos.
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Transparencia total: registrar gastos y revisarlos en conjunto ayuda a evitar reproches futuros.
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Revisiones periódicas: ajustar el presupuesto de manera regular permite adaptarse a cambios de ingresos o hábitos.
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Diálogo constante: más importante que la fórmula es la conversación que la sostiene.
Como resumió Bishop, “el dinero revela valores: ahorrador versus gastador, seguridad versus flexibilidad. Esas diferencias no desaparecen solo porque dos personas se amen”. Para parejas como Liu y Demeester, asumir esa realidad y organizarse en consecuencia fue la clave para construir un sistema financiero compartido y sostenible.
