No hay duda que desde el advenimiento de la segunda administración republicana de Donald Trump, Washington busca reafirmar su liderazgo en América Latina expandiendo su influencia en los ámbitos económico, comercial, de inversión, tecnológico, migratorio y de seguridad pública. Al respecto, el influyente Institute of International Finance (IIF) señala en un reciente informe que “la intervención militar sin precedentes en Venezuela y la magnitud del apoyo financiero brindado a Argentina ponen de relieve un esfuerzo renovado por restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y frenar la influencia de competidores no hemisféricos. Esta renovada interacción se ejecuta principalmente a través de señales financieras y canales de estabilización del mercado, en lugar de programas formales”. De alguna manera, esto refleja el uso tradicional que China hace de recursos económicos estratégicos para profundizar su presencia regional, asegurando el acceso a mercados, cadenas de suministro críticas y materias primas. “El enfoque estadounidense ha sido fundamentalmente selectivo en lugar de neutral, lo que refuerza el riesgo político y la diferenciación en los precios de los activos en América Latina”, advierte el think tank de la banca internacional. Pero ocurre que la naturaleza diferenciada de la presión estadounidense para lograr un alineamiento ha fomentado una postura política pragmática, a menudo transaccional, que requiere una recalibración continua en toda la región. Por ello, el IIF considera que equilibrar la fuerte dependencia de China con los arraigados vínculos financieros y de seguridad con Estados Unidos se ha vuelto cada vez más crucial para atraer flujos comerciales y de inversión. Además, el intenso ciclo electoral, que se espera desencadene cambios políticos en varios países, añade incertidumbre a la gestión de esta doble exposición.
Frente a este panorama regional, el IIF realizó un mapeo de la exposición de los países al cambio de política estadounidense en relación con este contexto político cambiante. Según el análisis de los economistas del IIF, Martín Castellano y María Paola Figueroa, México, Colombia y Centroamérica emergen como los más vulnerables, mientras que Argentina y Chile se alinean estrechamente con las prioridades estadounidenses. “En Brasil y Perú, las próximas elecciones generan un beneficio para la relación bilateral. Las prioridades estadounidenses abren un espacio para reconstruir la credibilidad institucional, y aquellos países que aprovechen esta interacción para ampliar las opciones de financiamiento y reforzar la disciplina política captarán el mayor potencial de inversión”, sostienen los analistas del IIF.
El IIF concluye que la interacción entre la participación de EEUU, las transiciones políticas y la exposición a China está definiendo un panorama regional cada vez más diferenciado, donde las trayectorias políticas divergentes, el posicionamiento geopolítico y los riesgos de mercado serán fundamentales para el desempeño económico en 2026. “Los países que aprovechen con éxito la participación de EEUU para fortalecer las instituciones, consolidar la política fiscal y asegurar un acceso más predecible al financiamiento externo serán recompensados”, afirman los autores del informe. Por ende, consideran que para los inversores, las oportunidades en 2026 se definirán por la eficacia con la que las economías latinoamericanas afronten esta recalibración geopolítica, con resultados que van desde condiciones financieras más favorables, primas de riesgo más bajas y trayectorias de crecimiento más estables hasta diferenciales más amplios, volatilidad episódica de divisas y tasas de interés, y un acceso más restringido al mercado. Además, con las elecciones intensificando estas divergencias, el posicionamiento geopolítico determinará claramente el rendimiento relativo de los activos latinoamericanos, a menudo tanto como los fundamentos nacionales.
¿Qué más dice el informe titulado “Mapping Geopolitical Risks Amid a Busy Election Cycle”?
Los cambios en la alineación geopolítica se están filtrando a los mercados financieros, donde los precios de los activos latinoamericanos presentan una diferenciación más marcada, impulsada por las tensiones comerciales, la evolución de la dinámica de los flujos de capital y una mayor sensibilidad a la dirección de la política estadounidense y al ciclo político. Los inversores que sopesan el riesgo geopolítico junto con los fundamentos nacionales, en particular la disciplina fiscal, están valorando a los países que ofrecen pilares de política creíbles. Una participación proactiva de EEUU podría fortalecer la credibilidad institucional, mejorar la capacidad de gobernanza, ampliar el margen de maniobra política y mejorar las perspectivas de inversión. Sin embargo, los resultados dependen de la capacidad de los países para recalibrar los profundos vínculos comerciales y estratégicos con China, cuya influencia en el comercio, la infraestructura y sectores críticos podría ser difícil de desmantelar.
En el caso argentino, el IIF destaca que la alineación con Washington es la más alta del Cono Sur y por ello Argentina ya se ha beneficiado significativamente de una estrecha relación. La extraordinaria asistencia financiera estadounidense del año pasado ayudó a contener las graves presiones preelectorales sobre la dolarización de la cartera, estabilizar los mercados financieros y facilitar la victoria del gobierno en unas cruciales elecciones intermedias. Este resultado catalizó el impulso reformista, la recalibración del marco de política monetaria, el apoyo a la austeridad fiscal y la reconstrucción de las reservas internacionales. Ambos países también firmaron un acuerdo integral de comercio e inversión para reducir los aranceles recíprocos y facilitar la inversión estadounidense en minerales y energía críticos. “Por lo tanto, a pesar de la fuerte exposición económica a China (principal mercado de exportación, proveedor de financiamiento de infraestructura y contraparte del banco central en materia de swaps de divisas), Argentina ha consolidado su posición como aliado estratégico de EEUU, lo que apoya la compresión de los diferenciales de los bonos soberanos y las perspectivas de recuperar el acceso al mercado de capitales”.
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El riesgo de coerción es mayor en México, Colombia y Centroamérica, donde las prioridades políticas de EEUU están cambiando hacia el comercio, incluyendo la relocalización, la migración y la seguridad pública. Antes de la revisión del T-MEC en julio de 2026, la respuesta de México ha sido cooperativa en materia comercial (por ejemplo, implementando aranceles selectivos a las importaciones chinas para abordar los crecientes desequilibrios y suspendiendo los envíos de crudo a Cuba) e migratoria, lo que ha contribuido a una desaceleración de los flujos y una disminución de las remesas. México también se comprometió a regularizar el suministro de agua, lo que ayudó a resolver otro punto de fricción bilateral. “Si bien el peso mexicano ha sido una de las divisas de mejor desempeño en los mercados emergentes, en medio de sólidas reservas macroeconómicas, las tensiones geopolíticas e institucionales se hacen más visibles. Incluso con mayores riesgos de cola, los fuertes incentivos económicos para la integración y la postura cooperativa de México siguen apoyando un camino hacia un eventual acuerdo y una relación estable”.
La vulnerabilidad de Colombia ha aumentado tras los acontecimientos en Venezuela, lo que refleja su extensa frontera compartida y su larga alianza estratégica con EEUU. Las relaciones alcanzaron su punto más bajo en décadas debido a las constantes tensiones entre el presidente Petro y la administración estadounidense. Sin embargo, los vínculos estructurales se mantienen intactos. Con las elecciones legislativas y presidenciales acercándose (marzo y mayo de 2026), el riesgo de una intervención directa de EEUU es bajo, a pesar de la continua presión sobre la política de seguridad y las amenazas arancelarias vinculadas a las disputas diplomáticas. La interacción a corto plazo se centrará en el intercambio de inteligencia, la reducción de los cultivos de coca y las negociaciones con grupos armados. La influencia de EEUU exacerbará estratégicamente un panorama electoral marcado por una fuerte polarización izquierda-derecha, incluso cuando las opciones de centro y centroderecha siguen siendo competitivas. Los mercados han fluctuado entre períodos de confianza (apoyando al peso) y volatilidad (particularmente en los bonos soberanos) en medio de riesgos geopolíticos, presiones fiscales que impulsan un fuerte ajuste monetario y la continua incertidumbre política. “Las elecciones ofrecen un posible punto de inflexión, lo que refleja una oportunidad para recalibrar las relaciones entre Colombia y EE.UU. Las relaciones y un importante potencial de alineación se verían reforzadas si el próximo gobierno priorizara la seguridad pública y la consolidación fiscal, temas centrales para las demandas públicas”.
El IIF ve potencial de alineación vinculado a la opcionalidad geopolítica y las elecciones en Brasil y Perú. La abierta contienda presidencial brasileña -un evento binario dadas sus implicaciones para la política económica- podría modificar significativamente la exposición al riesgo geopolítico. El impacto del aumento de los aranceles estadounidenses se ha visto contenido hasta ahora gracias a la limitada exposición comercial de Brasil a EEUU, su diversificada base exportadora que permite la reorientación de las materias primas, su superávit bilateral y su arraigada política exterior conciliadora, que ha contribuido a obtener varias exenciones. No obstante, las relaciones se han tensado debido al mayor escrutinio estadounidense -ilustrado por la supervisión judicial y una exhaustiva investigación de la Sección 301- y a la activa defensa del multilateralismo por parte de Brasil a través de los BRICS y la OMC. El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, recientemente aprobado, también indica diversificación. Un cambio de administración podría generar una rápida alineación con las prioridades políticas de EEUU en materia de comercio, geopolítica regional, minerales críticos y gobernanza de la economía digital. Por el contrario, una victoria del partido gobernante (el PT de Lula da Silva) implicaría continuidad política, tasas de interés reales elevadas y persistentes desafíos fiscales en ausencia de reformas estructurales del gasto. Si bien la confrontación retórica con Washington podría intensificarse a medida que se acercan las elecciones, no sería un factor decisivo para los votantes. Hasta el momento, los precios de los activos se han beneficiado de la baja exposición al riesgo geopolítico, el alto “carry trade” y la debilidad general del dólar, pero la volatilidad impulsada por las elecciones desempeñará un papel cada vez más importante este año. “Los mercados ya descuentan una prima electoral creciente, particularmente en divisas y tasas a largo plazo, lo que refleja una alta sensibilidad a los acontecimientos políticos y la fragilidad fiscal”.
Por su parte Perú inicia su año electoral con sólidos fundamentos macroeconómicos, respaldados por los altos precios del cobre y el oro, una sólida inversión y mercados crediticios resilientes. Estas condiciones han impulsado la confianza de los inversores, como lo refleja la activa emisión de bonos locales e internacionales y la constante demanda de activos peruanos, incluso ante la persistente incertidumbre política. La decisión de EEUU de designar a Perú como un importante aliado no perteneciente a la OTAN indica una profundización de los lazos económicos y de seguridad. Sin embargo, la fuerte dependencia de Perú de China, su principal socio comercial, genera ambivalencia geopolítica. El mega-puerto de Chancay, respaldado por China, se perfila como una importante puerta de entrada para el comercio entre América Latina y Asia, consolidando la influencia de China en logística e infraestructura. Los intereses estadounidenses se centran en minerales críticos y activos estratégicos, con empresas privadas involucradas en el desarrollo portuario y otras actividades. A pesar del fuerte apoyo externo y las sólidas credenciales antiinflacionarias del banco central, el riesgo fiscal persiste en medio de las medidas populistas del Congreso. “Mantener un rendimiento positivo de los activos dependerá de la capacidad del próximo gobierno para ofrecer claridad política, una gobernanza creíble y una interacción externa equilibrada”.
Se prevé que Chile experimente un cambio similar. Se espera que la administración Kast envíe fuertes señales a favor de las empresas, haciendo hincapié en el estado de derecho y la disciplina fiscal. Los acontecimientos en Venezuela podrían ayudar a abordar las presiones migratorias y la creciente preocupación por la seguridad pública. Unos términos de intercambio favorables y las mejoras en los marcos de permisos y regalías podrían fomentar la inversión en las cadenas de valor del cobre y el litio, áreas de interés estratégico para EEUU. Sin embargo, la alta exposición a China requerirá relaciones comerciales pragmáticas. “Los precios de los activos se han fortalecido gracias a los elevados precios del cobre y a la mejora del sentimiento político, en consonancia con la solidez de los fundamentos macroeconómicos. No obstante, las futuras ganancias dependen de la ejecución de las políticas. Si bien una mayor credibilidad política podría ayudar a restaurar la reputación de Chile como refugio seguro en la región, la ausencia de control legislativo y la posibilidad de tensión social son importantes desafíos futuros”.
En cuanto a Centroamérica, destacan que un conjunto paralelo de presiones geopolíticas configura las perspectivas en dicha región, donde los fundamentos macroeconómicos se mantienen resilientes y el potencial de alineamiento también es sustancial en medio de una enorme exposición a EEUU. En Honduras, unas elecciones disputadas y el respaldo explícito del presidente electo por parte de EEUU han determinado las prioridades iniciales en torno a la inversión en energía, manufactura y tecnología, así como los pasos hacia un acuerdo comercial bilateral recíproco. Sin embargo, la fragmentación legislativa y los continuos desafíos al resultado electoral podrían obligar a la nueva administración a forjar alianzas interpartidistas para avanzar en su agenda. En Costa Rica, el reciente resultado electoral sugiere continuidad, respaldada por una sólida actividad en las zonas francas y la exportación de dispositivos médicos, lo que impulsa una alta exposición a la política arancelaria estadounidense y una dinámica de relocalización en evolución. Otros países, como El Salvador, República Dominicana, Guatemala y Panamá, están fortaleciendo su compromiso con Washington, particularmente en materia de comercio, seguridad e infraestructura.
