La oposición acelera
Si el oficialismo avanza en ordenar el calendario electoral, la consecuencia inmediata es obligar a la oposición a anticipar definiciones que pensaba postergar. Por eso, esta semana se vio una aceleración en los movimientos: reuniones partidarias, convocatorias a cumbres para las próximas semanas y un lanzamiento prematuro de candidaturas dentro del peronismo que recuerda al “que florezcan mil flores”, pero en épocas de Milei y con la pulseada Cristina vs. Axel como telón de fondo.
“Que no llame la atención una elección presidencial en mayo o junio, en vez de octubre”, sonó en una reunión comandada por un líder opositor. El reloj corre y la oposición, en especial el peronismo, sigue fuera de órbita, una de las conclusiones que dejaron las extraordinarias, con un PJ diezmado en su bloque de senadores, como se había anticipado en esta columna, semanas antes de que se desprendieran de la bancada de Mayans los miembros de Convicción Federal.
Y La Libertad Avanza puede sacar provecho de la pelea por los liderazgos. Desde ya, un posible corrimiento de las nacionales impacta en la estrategia de los gobernadores, que convirtieron en 2019 y en 2023 la excepción en norma: el desdoblamiento anticipado para blindarse en sus pagos y luego quedar libres de manos para negociar. En este estado de situación, la tesis de Caputo —desoída en octubre— podría volver a cobrar fuerza: no oponer resistencia fuerte a los mandatarios para que retengan el poder en sus territorios, a cambio de respaldos en la elección nacional y votos para aprobar la reforma este año.
La teoría de un ala libertaria, que gana peso, es que pueden gobernar sin mandatarios ni intendentes propios. Se pueden suplir si se sostienen alianzas, como quedó demostrado este verano. En tal caso, el despliegue para comicios locales de 2025 —fallido en cuanto a resultados— fue más un ensayo para construir estructura nacional que para ocupar escaños provinciales o concejos deliberantes. Acaso, la única batalla local que realmente interesa a LLA es la porteña, donde esperan cerrar su disputa con Jorge Macri y terminar de deglutir al PRO de Mauricio Macri —¿saldrá de gira por el país para relanzar a los amarillos?—, que todavía conserva poder de daño sobre las fuerzas del cielo.
El peronismo en busca de forma
El escenario probable llevó a que el 2027 empezara a diagramarse en marzo de 2026. “Falta mucho para las elecciones, pero las definiciones sobre quiénes van a estar adentro de un espacio opositor amplio se tienen que cerrar en los próximos meses”, dijo un consultor que trabaja dentro del peronismo, del ala que busca seducir a sectores disímiles como el cordobesismo, el PRO desencantado, radicales antimileístas y justicialistas alejados de las directivas de Matheu.
La indefinición tiene también su costado adverso para Milei: pelear contra un fantasma nunca es la mejor opción. En especial si se contempla que buena parte de los últimos presidentes dos años antes de la elección no aparecían entre los favoritos, o directamente no figuraban en el radar. Con ese marco difuso, todo indica —según admiten en la Casa Rosada— que para Milei es más fácil rivalizar con Cristina o con Axel Kicillof que con figuras menos polarizantes como Miguel Pichetto o Sergio Uñac, nombres que empezaron a circular con mayor frecuencia en los últimos días.
La aparición del diputado Pichetto generó repercusiones dentro del peronismo tras reunirse con Cristina. La prédica cristiana del perdón pareció un punto de arranque para sectores que miran con recelo a La Cámpora. “Perdonarnos. Creo que el peronismo tiene que perdonarse, mirar el pasado y reflexionar que cualquier gobierno peronista es mucho mejor que este gobierno que nos está mandando a la miseria”, señaló el diputado, excompañero de fórmula de Mauricio Macri.
A la carta Pichetto se suma la aparición de Sergio Uñac, exgobernador de San Juan, impulsado por el grupo Primero la Patria, entre quienes tallan dirigentes como el sindicalista Víctor Santa María o el exministro Nicolás Trotta.
En ese clima también aparece la movida de Dante Gebel, el pastor evangélico que prepara un lanzamiento con estrategia territorial y un mega acto. Más que un actor decisivo por sí mismo, su irrupción funciona como síntoma: la búsqueda de nuevos vehículos políticos por fuera de las estructuras tradicionales ante un peronismo que todavía no logra ordenar liderazgo ni identidad. Lo avalan el titular de Aeronavegantes, Juan Pablo Brey, el triunviro de la CGT Cristian Jerónimo, y exlibertarios enfrentados con Karina Milei, entre ellos el legislador porteño Eugenio Casielles, junto a figuras heterogéneas como el exfutbolista Walter Ervitti.
La presión sobre Kicillof
Desde ya, es también una manera del kirchnerismo de ponerle presión a Axel Kicillof, quien aparecía hasta ahora como el candidato natural. Así lo interpretaron en La Plata, donde entienden que si se hizo público el viernes el encuentro Cristina-Pichetto fue porque un día antes había circulado una encuesta de AtlasIntel que posicionaba al gobernador bonaerense como el dirigente con mejor imagen dentro del peronismo.
“Si Pichetto es mejor candidato que Axel, que vaya y gane”, decían en la Gobernación, donde imaginan una “gran interna”. Para el Movimiento Derecho al Futuro, el kirchnerismo no digiere el cambio de conducción en el PJ bonaerense, ahora en manos del mandatario, y observan jugadas destinadas a “raspar” una potencial candidatura en 2027.
Una de ellas, relevante sobre todo para la rosca interna, fue la designación de Mario Ishii como vicepresidente primero del Senado provincial, impulsado por Máximo Kirchner. Más allá de la línea sucesoria, fue una marcada de cancha sobre el poder territorial de La Cámpora en la gestión.
Como sea, los neutrales observan que la fortaleza de Kicillof está en Buenos Aires, pero que en el interior enfrenta mayores dificultades. Además, aunque ya rompió lazos políticos con Cristina, sigue asociado al kirchnerismo para buena parte del electorado: una carta que Milei explota para etiquetar opositores, pero también un límite para expandir alianzas y romper el techo electoral en un eventual balotaje.
Un test será la puja por el PJ porteño, donde emerge la pulseada entre Mariano Recalde y Juan Manuel Olmos. El primero apunta a sostener la identidad del partido, que se mantiene en la Ciudad en el orden del 30%, con el segundo lugar garantizado, independientemente del candidato que se proponga. El segundo, busca un gran frente con dirigentes que van desde el exjefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta o el radical Martín Lousteau. Pero estos, claro, tienen como límite al kirchnerismo. Un juego de sumas y restas donde nadie tiene claro qué conviene.
Los límites del oficialismo
Los dilemas de superar el 50% también empiezan a invadir a los libertarios, a medida que se desgasta la imagen de Milei, como es natural en cualquier gobierno. Máxime cuando la Tierra Prometida se aleja y los votantes de a pie que compraron la motosierra no encuentran aún mejoras en su calidad de vida. Desempleo creciente, sueldos atrasados y caída del consumo conforman un combo sin solución inmediata.
En LLA empieza a sonar como objetivo central concentrar una sola oferta de derecha, escenario con el que se entusiasman para superar el 40% y ganar en primera vuelta. Por eso, el juego de Victoria Villarruel —que ya proyecta su propio 2027— no cayó bien entre los violetas, aunque creen que, al menos hoy, la vice “es poco más que cero sin Milei al lado”.
En esa línea también miran la convocatoria al Consejo del PRO del 19 de marzo. La intención es robustecer el partido para llegar al año electoral en mejores condiciones, idealmente con una oferta propia que le permita negociar distinto con Milei. Una suerte de relanzamiento donde Mauricio Macri tendrá un rol más protagónico que en los últimos tiempos. De hecho, analiza una gira por provincias para exhibir el poder territorial del PRO, todavía mayor que el de LLA. Será también una instancia para que gane protagonismo el flamante secretario general del partido, Fernando de Andreis.
Los libertarios, que también organizan una cumbre para este mes, necesitan contener a los radicales con peluca. La reunión en Santa Fe de la UCR dejó expuestas las dos posturas respecto del vínculo con el oficialismo. El ala acuerdista tuvo como portavoz a Alfredo Cornejo, quien selló alianzas con el partido de Karina Milei en dos turnos electorales. “Necesitamos ser una alternativa y no la vamos a hacer remando contra la corriente, sino interpretando a nuestros simpatizantes”, dijo, en un guiño a la sociedad con los violetas.
Maximiliano Pullaro recogió el guante: “No nos podemos permitir que la Argentina solamente tenga dos alternativas: una por derecha, que está llevando adelante Milei, y otra por la izquierda o centroizquierda corrupta que nos ofrece el kirchnerismo”. Un mensaje dirigido a ambos polos, que buscan abrazar a los radicales.
