La tempestad de febrero en los mercados: ¿volatilidad financiera o señal de un deterioro económico real?


Tiemblan los mercados desde que comenzó febrero. La fiebre del oro se enfrió de súbito con la designación de Kevin Warsh al frente de la Fed. Hoy cotiza 11% debajo de su récord del 29 de enero. Y no está tan mal: todavía retiene un avance superior a 10% el último mes y a 24% los últimos tres. Es apenas una corrección de manual. En cambio, su compañera de ruta en la suba parabólica, la plata, cayó de lleno en un mercado bear: se hundió 31% con la noticia de Warsh y no consigue levantar cabeza. Aun así, su precio es 60% mayor que en noviembre. En China, recordar que allí existen controles de capitales, la plata cotizaba con una fuerte prima con respecto a su valor internacional. De buenas a primeras, el premio se evaporó y Shanghai solo le da salida a los especuladores domésticos con un descuento. El mundo no se arregló y la armadura de metal se derritió de repente. ¿Quién podrá defendernos ahora?

Un mundo convulsionado – con signos de fatiga por el frenesí de las políticas del presidente Trump – apeló a los metales para cubrirse. Y en un momento crítico descubre que pagar un refugio a cualquier precio puede ser una ratonera y no una protección. Y que conste que la selección de Warsh – el gatillo inmediato de esta escaramuza – no fue un exabrupto sino una decisión medianamente razonable de la Casa Blanca que fue bien recibida.

Los metales preciosos siguen el camino que las criptomonedas estrenaron en octubre. Después de alcanzar máximos notables, cayeron a plomo ante la amenaza de Trump de tomar represalias comerciales contra China (que no se efectivizaron). Y en su caso, el mercado bear no exhibió desde entonces ningún atisbo de recuperación. Febrero maltrató a las criptos con la saña del árbol caído y las sumergió todavía más. El bitcoin se despeñó 17% esta semana y lleva más de 33% en los últimos tres meses. Su excepcionalidad desapareció cuando el mundo parece más cerca que nunca de precipitarse a la anarquía. Sus retornos de los últimos cinco años son inferiores hoy a los del oro o la Bolsa. Se diría que dejó de ser la versión digital del oro para convertirse en un instrumento que sus tenedores – en especial, los más recientes – no saben bien para qué sirve y, sobre todo, por qué diablos lo compraron. La principal justificación era la suba de su precio; y su demostración evidente, lo mucho que había subido. Y ahora cae en picada.

Este tembladeral generó abundante contagio. El ajuste de los márgenes de garantía complicó el manejo de las carteras y redujo la liquidez secundaria exacerbando la espiral bajista. El brusco salto de la volatilidad tuvo alcances generalizados y no excluyó a la Bolsa. Es curioso: Kevin Warsh siempre fue bitcoin-friendly. Y lo mismo la Administración Trump. La desregulación que impulsó con ahínco el año pasado facilitó tanto la ampliación de la base de inversores (con la incorporación masiva de instituciones y fondos que atienden a una clientela minorista) como el ascenso vertiginoso de las cotizaciones. Precisamente, esa plataforma inflamada constituye hoy el talón de Aquiles de las criptomonedas. La indigestión es evidente. Y no hay estómago para soportarlo. El Trump rally se evaporó así por completo.

Con los metales sucede otro tanto. Hace tiempo que los bancos centrales dieron un paso al costado y frenaron sus compras. No convalidaron la suba del último año en el oro. Y, desde ya, nunca atesoraron plata. La demanda industrial se redujo forzosamente por la violenta apreciación. Y lo que creció fue la participación de las carteras financieras. Una tendencia vibrante, más que suficiente para romper récords a la velocidad del rayo, pero ahora que se canceló el “momentum” y los excesos pasan factura, se duda de su apetito para sostener cotizaciones más moderadas.

En plena temporada de balances, la situación se complicó todavía más. No fue culpa de los malos resultados sino lo contrario. Anthropic, una compañía de inteligencia artificial (IA) que no integraba la liga de las grandes estrellas, sorprendió con sus nuevos desarrollos aplicados. Sus progresos sembraron temores sobre el futuro (de la rentabilidad) de las empresas de software. Y su efecto impacto fue una caída vertical de los precios de las acciones – y las obligaciones de deuda – del sector. El dinamismo de la IA es innegable. Pero también es un arma de doble filo. Empresas como Google o Amazon certificaron mayores ganancias, y, a la par, proyectan enormes desembolsos en IA para mantenerse en carrera. La Bolsa las castiga con fiereza. Cuestiona si serán finalmente capaces de monetizar tamañas inversiones y quiere fomentar así una mayor economía.

En el momento más agitado de la semana se entrecruzaron las penurias de los metales y las acciones tecnológicas, los margin calls urgentes y las versiones sobre los grandes cambios ad hoc que Kevin Warsh piensa para la Fed. Pero no fue solamente eso: ahora que las criptomonedas accedieron al sistema financiero convencional, su volatilidad cuenta. Surgió así un interrogante: ¿qué consecuencias traerá su desmoronamiento abrupto? ¿Es posible que el riesgo sistémico entre por la ventana? La idea de que el temporal podía ser la antesala de una corrección generalizada, que incluyera a la Bolsa, volvió al ruedo como no sucedía desde octubre y noviembre. En definitiva, en un mundo que no da respiro hace meses, ¿la tempestad es el reflejo de una volatilidad puramente financiera o la señalización de lesiones más profundas?

La respuesta la dio la propia Bolsa. Rotunda y oportunísima. El Dow Jones Industrial trepó mil puntos la última hora del viernes y quebró por primera vez el umbral de los 50 mil puntos. Su veredicto: el temporal financiero es una anécdota, no la película de fondo. El avance del mercado bull ya no corre por cuenta de las Siete Magníficas ni el S&P 500. La IA enfrenta a las Siete Magníficas entre sí y no es fácil saber quiénes serán los ganadores y los perdedores. La Bolsa apuesta por eso a la actividad económica en sí, que continúa su expansión y se beneficiará del derrame de la innovación. Y ello no requiere dilucidar de antemano quién prevalecerá en la guerra de inversiones de la IA. El S&P 500 subió 1,3% desde que comenzó el año. El Dow Jones (menos cargado de tecnológicas), 4,3%. Pero el liderazgo corre por afuera. Lo tomaron las compañías medianas (S&P Mid Caps, +8,5%) y pequeñas (Russell 2000, +7,6%). La rotación, y la fuga por la tangente, es la contestación del mercado bull a una pregunta de años: cómo se las arreglaría el día que se nublase la estrella de las Siete Magníficas.

Apostar al ciclo económico sirve de refugio porque la mejor defensa es un buen ataque. Las últimas novedades (antes del shutdown) aportan una sorpresiva resurrección de la actividad manufacturera. Según el informe ISM, enero acusó su primera expansión después de 24 meses consecutivos de retracción. La tempestad de febrero es un despliegue de pura volatilidad financiera; no objeta la salud de la economía real, que se mantiene vigorosa en el área de los servicios y puede dar pelea quizás también con la industria.

Por supuesto, la realidad no es un jardín de rosas. Es verdad, Houston, que tenemos un problema. El mercado de trabajo. Es el mismo drama que obligó a la Fed de Powell a bajar tres veces las tasas de septiembre a diciembre. La anemia laboral continúa. Y la evidencia se acumula (una caída de un millón de búsquedas laborales a lo largo de 2025; la destrucción de 13 mil empleos netos en enero, conforme la estimación privada de Revelio Labs; y la mayor cantidad de despidos en enero desde 2009). Wall Street lo sabe y lo acepta. No hay mal que por bien no venga. Los 50 mil puntos del Dow Jones son prueba de fe. La nave va. Confía en que el banco central deberá retomar la baja de tasas. Quizás Warsh sea un hombre de suerte, y pueda hacer a la vez lo correcto y lo que pide Trump. Esto es, estrenarse en su función bajando las tasas para remediar la anemia laboral (y la ansiedad presidencial). En esa inteligencia, el paso de los toros no se detiene.





Fuente: Ambito

Economía, Ciencia y Tecnología

El mercado enfrenta una semana clave entre la inflación de enero, la licitación del Tesoro y la reforma laboral

La semana que comienza estará atravesada por una combinación intensa de datos de inflación, decisiones financieras clave y definiciones políticas, con el debate por la reforma laboral como uno de los ejes que seguirá de cerca el mercado. El foco estará puesto en el IPC nacional de enero, la licitación del Tesoro en un escenario […]

Más info
Economía, Ciencia y Tecnología

Cuenta DNI: cómo ahorrar hasta $6.000 por semana en compras básicas

Durante febrero de 2026, Cuenta DNI es una de las principales herramientas de ahorro para el consumo diario. La billetera digital del Banco Provincia mantiene descuentos semanales en comercios de cercanía, ferias y supermercados aplicables en todo el territorio bonaerense. El esquema de beneficios apunta a compras habituales y de alta frecuencia, con topes semanales […]

Más info
Economía, Ciencia y Tecnología

Reforma laboral: las fintechs insisten con el cobro de salarios en billeteras frente a las objeciones de los bancos

La Cámara Argentina Fintech volvió a impulsar que los trabajadores puedan elegir libremente dónde cobrar sus salarios, incluyendo cuentas de pago de billeteras digitales reguladas por el BCRA, y pidió al Congreso una actualización de la normativa laboral para adaptarla al actual sistema de pagos. La entidad sostuvo que el debate no busca imponer el […]

Más info