Argentina autorizó al buque estadounidense R/V Roger Revelle a realizar estudios científicos en aguas nacionales con participación del INIDEP y eje en cambios climáticos en el Atlántico sur. El ministerio de Relaciones Exteriores remitió el pedido al Consejo Federal Pesquero (CFP) mediante la nota MRECIyC NO-2026-09095421-APN-DGCLI#MRE el 26 de enero pasado.
Luego de un análisis el CFP emitió un dictamen y comunicó a la cancillería que “no tiene objeciones que formular para que se autorice al buque Roger Revelle a realizar actividades de investigación científica marina en espacios marítimos sujetos a la soberanía y jurisdicción nacionales, durante el período señalado”.
Investigación científica y cooperación internacional
La investigación científica marina prevista en un principio para el 10 de febrero, fue reprogramada, comenzará el 5 de marzo y finalizará el 30 del mismo mes.
En esta oportunidad operado por la Universidad de California en San Diego y con financiamiento de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) y la NSF (National Science Foundation).
La campaña es parte del programa internacional GO-SHIP (Global Ocean Ship-based Hydrographic Investigations Program).
Los integrantes de GO-SHIP son todos del mundo occidental entre ellos varios miembros de la OTAN; organización a la que aspira ingresar Argentina; participan los Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Canadá, Alemania, España, Australia, Noruega, Francia, Sudáfrica, Irlanda y Suecia.
El objetivo central del estudio es monitorear y determinar los cambios en la temperatura del océano, salinidad, batimetría, los niveles de oxígeno y la concentración de dióxido de carbono de origen antropogénico en el Atlántico sur, entre otros parámetros de hidrografía y oceanografía física.
Datos estratégicos con uso civil y militar
Los datos obtenidos en campañas periódicas son públicos y se comparten entre los miembros del programa GO-SHIP. El uso de la información aplica en sentido amplio a predecir y conocer el impacto del clima y la afectación de la actividad humana en el sistema oceánico.
Esas condiciones y parámetros del agua de mar, la temperatura, salinidad, batimetría (profundidad), la concentración de clorofila (nutrientes/plancton), y corrientes marinas son esenciales para conocer dónde se localiza la concentración de la biomasa, cardúmenes de distintas especies de alto interés económico para el país y favorecer su captura.
Variables con aplicación crucial en operaciones de submarinos y guerra antisubmarina.
Un alto oficial naval con experiencia en comandar submarinos dialogó con Ámbito y dijo: “el buque Roger Revelle es gemelo del R/V Atlantis que participó en la búsqueda del submarino ARA San Juan, empleó la sonda multihaz Kongsberg en barridos y batimetría del perfil del fondo marino.
“Este tipo de buque puede obtener los perfiles BSV (velocidad de propagación del sonido, gradiente de presión, salinidad, temperatura del agua) esenciales para conocer la acústica subacuática en las áreas oceánicas a relevar y determinar además el perfil y características del fondo marino (mapeo)», explicó.
“Esos datos hacen a la guerra antisubmarina pues permiten ubicar a qué profundidad se encuentra la napa, determinando las “zonas de sombra” donde podrían ocultarse los submarinos, permanecer indetectables y las zonas de convergencia; en las grandes profundidades; desde donde podrían escucharse a los submarinos incursores (rumor de hélices y sonidos internos como el de las máquinas, comunicaciones, entre otros).
“El tipo de fondo marino permite saber dónde puede asentarse un submarino convencional”, aseguró y completó “son todos datos fundamentales para la guerra submarina y antisubmarina”.
“Con esa sonda multihaz el navío puede determinar con precisión la morfología del lecho marino y todos los contactos “nosub” (objetos, buques hundidos, peces, etc) que haya en el fondo y geolocalizarlos”, cerró.
El riesgo de la apropiación ilegal de datos y la ausencia de contrainteligencia militar
Uno podría concluir que se está ante la necesidad de resguardar la información obtenida, proteger esos recursos estratégicos y de impacto militar en un escenario global donde actores foráneos estatales, no estatales y corporativos buscan acceder a datos científicos prioritarios en zonas de valor geopolítico, como la plataforma continental y el Atlántico sur.
En la reciente cumbre militar regional convocada por EE.UU. de la que participó el vicealmirante Marcelo Dalle Nogare, titular del Estado Mayor Conjunto, el secretario de Guerra, Pete Hegseth hizo referencia a la pesca ilegal en aguas continentales, problemática que afecta al país y donde los datos oceanográficos tienen importancia crítica.
El debate por la reforma de la ley de inteligencia que propone el DNU 941/25 toma en cuenta entre otros objetivos, anticipar, identificar riesgos y amenazas que pudiesen impactar sobre recursos naturales estratégicos y su libre disponibilidad.
La apropiación ilegal de esa información científica especializada pone al país en riesgo tanto militar como en su desarrollo económico.
La contrainteligencia que en palabras amplias sería la protección de información crítica del Estado, negar actividades de inteligencia externa y contrarrestarlas está vedada en el sistema de inteligencia militar desde 2006.
El ministro de Defensa, teniente general Carlos Presti tiene un pendiente de su antecesor Luis Petri que no alcanzó a derogar la Resolución 381/2006 de Nilda Garré que prohibió a las FFAA la realización de actividades de contrainteligencia, incluso en sede militar.
El estreno de la Dirección General de Inteligencia del Estado Mayor Conjunto (DIGIEMCO) que prevé la reforma del DNU 941 sigue con el candado de la Resolución 381 a la contrainteligencia, sin capacidad de prevenir amenazas externas, infiltraciones o accesos indebidos a información sensible.
