Martínez de Hoz y el plan del 2 de abril


El 2 de abril de 1976 el entonces ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, anunció en cadena nacional, por espacio de más de dos horas y media, su plan económico, aprobado por la Junta Militar del llamado Proceso de Reorganización Nacional. Quizás, para evitar sobresaltos del mercado, sobre todo cambiario, lo hizo un viernes, una costumbre que luego se arraigó en sucesivos ministros (fue tan extenso que terminó en la madrugada del sábado).

Para la memoria colectiva fueron años de la denominada “Plata Dulce”, del “Deme dos” y demás slogans de la época. Pero hubo más que eso. Como terminó, es una historia ya conocida. Sin ánimo de querer juzgar ni emitir veredicto alguno, porque todo depende del cristal con que se mire, la idea es comentar los pilares del plan original, ya que hubo varios ajustes posteriores, entre ellos la famosa “Tablita cambiaria”, y el plan de 1978 (en la previa del conflicto con Chile). Por ende, centraremos la atención en los inicios de los 1.826 días en que Martínez de Hoz estuvo a cargo del Ministerio de Economía, acompañado en el Banco Central (BCRA) por Adolfo César Diz.

Pero nada se puede analizar sin tener en cuenta el contexto local e internacional. El país venía de turbulencia en turbulencia sin haber digerido el impacto del “Rodrigazo” (mediados de 1975), y en medio de una violencia política inusitada, propia de esos años de insurgencia en el Tercer Mundo, mientras el mundo sobrevivía a los efectos del primer shock petrolero (el barril subió 280%) a ambos lados de la Cortina de Hierro, sobre las cenizas del sistema monetario de Bretton Woods. La economía mundial estaba en recesión, más precisamente, en estanflación, o sea, recesión con alta inflación.

En el mundo de las ideas, el premio Nobel de Economía lo había obtenido Friederich von Hayek en 1974, y en 1976 Milton Friedman, dos adalides en el cuestionamiento al Estado tal como se lo había conocido desde la II WW. Eran los albores de los Chicago boy´s, que tendrían en Chile su primer experimento, contra el keynesianismo imperante (luego todo se globalizaría con Thatcher y Reagan).

¿Cómo era, a grandes rasgos, el panorama económico previo en el país? Según datos recopilados por el ex ministro Domingo Cavallo en “Historia Económica de la Argentina”, el gasto público pasó del 22% del PIB en 1973 al 30% en 1975, el déficit fiscal se duplicó en 1973 y también en 1975, en su máximo representó el 16% del PIB, un récord para la Argentina hasta entonces. La expansión monetaria casi se duplicó en 1973, y se mantuvo alta en 1974 a pesar del congelamiento de precios y del tipo de cambio. La inflación llegó al 60% en 1973 y se contrajo al 24% en 1974 para solo saltar al 183% en 1975. Pero la dinámica inflacionaria, al observarla trimestralmente arroja más luz de lo que pasaba: tras el Plan Gelbard, en el II y II trimestre de 1974 trepó a casi 40% anual, alcanzó tres dígitos en el IV trimestre manteniéndose alta durante el I trimestre de 1975, y en el II trimestre la inflación subió a más del 260% anual para alcanzar su máximo de más de 1.000% anual en el III trimestre de 1975. El PIB per cápita creció en 1973 y 1974 y cayó 2,5% en 1975 durante la explosión inflacionaria. La brecha cambiaria saltó al 225% en 1974 y en 1975 alcanzó el 174% pese a la gran devaluación del peso de mediados de año. En pocas palabras, quienes vivieron esos años recuerdan que fueron tiempos de desabastecimiento de todo tipo de productos de la canasta familiar, de ajustes diarios de tarifas públicas y combustibles, cortes de luz, suba del dólar y una inflación galopante. En síntesis, el caos económico dominaba la escena bajo una exacerbada puja distributiva, en medio de un notorio vacío de poder, sumado al accionar diario de los grupos terroristas de aquel entonces y la embestida de incipientes grupos parapoliciales y paramilitares, como antesala de lo que vendría después. “En medio de ese descalabro político y económico que era la Argentina de principios de 1976, no fue extraño que el golpe de marzo fuera recibido con alivio por una parte de la sociedad. Hasta el propio gobierno, o lo que quedaba de él, parecía ansioso por librarse de una responsabilidad que ya lo excedía largamente”, describen el cuadro de situación Pablo Gerchunoff y Lucas Llach en “Ciclo de la ilusión y el desencanto”. ¿Qué anunció Martínez de Hoz ese 2 de abril de 1976, en el entonces Canal 7 ubicado en el Edificio Alas?

Habló del programa de recuperación, saneamiento y expansión de la economía aprobado por la junta de gobierno y las normas de aplicación inmediata sancionadas ese día que prometen impulsar una economía de producción. El entonces ministro destacó doce puntos fundamentales a través de los cuales él explicaba que se podía medir la transformación que querían llevar a cabo.

  • La libertad de precios, la eliminación de los controles de precios.
  • La libertad de las transacciones cambiarias, con la eliminación de los controles de cambio.
  • La libertad del comercio exterior, con la eliminación de los monopolios a la exportación, por ejemplo, de granos y de carne.
  • La libertad de exportación a través de la eliminación de las prohibiciones y de los impuestos a las exportaciones.
  • La libertad de importar, con la eliminación de las prohibiciones, cuotas, licencias, y la aplicación de un programa arancelario de reducción gradual en un período de 5 años.
  • La libertad de las tasas de interés y la aplicación de la reforma financiera que abre el sector a la competencia interna y externa.
  • La liberalización de los alquileres y la eliminación del control que afectaba la posibilidad de la colaboración de la construcción privada para contribuir a eliminar la escasez de viviendas.
  • La eliminación de las tarifas políticas de los servicios públicos.
  • La eliminación de los subsidios y las protecciones excesivas para ciertos sectores privilegiados de la economía que distorsionaban la misma.
  • La libertad de contratación de los salarios sobre las bases de los salarios establecidos como mínimos por el Estado.
  • La libertad para las inversiones extranjeras bajo reglas justas y sanas tanto para el interés nacional como para los inversores.
  • La libertad para la transferencia de tecnología en un marco que promueva y no obstaculice este movimiento fundamental para la modernización de la economía argentina de acuerdo a los más altos intereses nacionales.

Queda claro que del decálogo de doce políticas fundamentales en 10 la palabra “libertad” es el sentimiento inspirador y el resto la “desregulación”. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, podrían rezar los créditos de la película de Argentina. Lo cierto es que sobre la base de la apertura comercial (y las recordadas propagandas televisivas sobre la competencia en la industria), altas tasas de interés reales (y la guerra de guerrillas de las pizarras bancarias) y la libre movilidad de capitales (la llegada del “hot money” o capitales golondrinas) se asentaron los pilares del nuevo modelo económico.

El discurso de ese día parece haberse escrito ayer. Habla de la Argentina potencia, granero del mundo, rica en recursos naturales y humanos. Se refiere a la decadencia, por haber quedado rezagada, por ejemplo, respecto de Australia y Canadá. Fustigó al progresismo, a la especulación y al mercado negro. Los objetivos básicos de su programa económico eran el crecimiento económico, para lo cual se necesita más inversión y por ende más ahorro. Pero para ello debe existir la utilidad, para que se reinvierta en el proceso productivo; y debe haber una equitativa distribución de la riqueza.

Cabe recordar que el primer shock petrolero (1973) y, sobre todo el segundo (1979), generaron los “petrodólares” que nutrieron los mercados de capitales del mundo y satisficieron el apetito financiero de los países en desarrollo con balanzas de pagos deficitarias y compromisos externos. Las tasas de interés internacionales, prime y libor, volaron y el oro también. Contexto agravado, para los países subdesarrollados, por el deterioro de los términos de intercambio. Luego todo explotó con la crisis mexicana de 1982, pero es otra historia. Una especie de triple Nelson: altas tasas internacionales, caída de los precios de las materias primas y una lenta recuperación económica global.

El plan anunciado el 2 de abril, tuvo un carácter gradualista, según el propio ministro quien explicó que se propuso implementar una reforma estructural de la economía y no solo superar una crisis. Ese día anunció tres programas: liberación y modernización de la economía, modernización del Estado y estabilización de los precios. Se aplicarían de manera interconectada pero no simultánea, siendo los grandes cursos de acción la función subsidiaria del Estado y la apertura de la economía.

Un dato, quizás hoy muy de actualidad, ese día el ministro destacó que asumía con 23 millones de dólares de reservas en el BCRA, que no llegaban a cubrir un día de vencimientos.

Con relación a los funcionarios que integraron el equipo económico se destacan Guillermo Klein (h), Juan Alemann, Carlos Tacchi, Guillermo Cándido Bravo, Alejandro Estrada, Mario Cárdenas Madariaga, Jorge Zorreguieta, Christian Zimmermann, Alejandro Reynal y Ricardo Arriazu (asesor del BCRA).

El objetivo antiinflacionario era la prioridad. Primero hubo libertad con responsabilidad, tregua de precios, desindexación de la economía y finalmente tablitas. Suspensión de paritarias, además. El mercado de cambios no se liberó totalmente, y regían límites para la compra de divisas. Al principio se podían comprar 1.000 dólares sin tener que especificar el uso, luego en 1978 se fue ampliando a 5.000, a 10.000 y a 20.000 dólares casi a fin de año.

Pero sin lugar a dudas, la reforma financiera fue el hito del plan económico. La apertura y la Tablita luego hicieron lo suyo, sobre todo, en el aparato productivo.

¿Qué había hasta ese momento? Luego de la reforma de 1973 existía un solo banco, el BCRA. Recuerda Diz, según Juan Carlos de Pablo, desde junio de 1975 había depósitos a plazo fijo que los bancos podían usar por cuenta propia. Había un sistema centralizado, con encaje de 100% y otro descentralizado, con encaje de 0%. El primero sucumbía y el segundo crecía vertiginosamente. Adolfo Canitrot, según comenta de Pablo en “Economía Argentina”, señaló que la reforma financiera de 1976 significó una ruptura completa con un pasado extenso en el cual el subsidio fiscal, el crédito de los bancos oficiales, el mecanismo de redescuento y la tasa de interés real negativa, jugaron un papel predominante en el financiamiento de las empresas. Hasta entonces, los bancos no habían sido más que proveedores de fondos casi gratuitos a su clientela seleccionada para que ésta los colocase a altas tasas nominales en el mercado de corto plazo.

Una buena síntesis de la reforma, era que los bancos comerciales podían hacer todo lo que no estuviera prohibido. El resto queda para la imaginación. También nació la llamada Cuenta Regulación Monetaria (en el BCRA) que terminó siendo un factor de expansión monetaria y de controversia, no solo en la academia. Se fijó un encaje del 45%, etc., y se mantuvo la garantía de los depósitos, con la salvedad que ahora también incluía a los depósitos a tasa libre. Los bancos comerciales casi se duplicaron a los dos años a casi 220, las compañías financieras aumentaron un 80% a 142, y se redujo 75% las cajas de crédito. Varias entidades fueron liquidadas en el camino antes de la crisis financiera de 1980 con la liquidación del BIR (que de 44 sucursales pasó a 96 en 1979, fue el tercer banco del sistema detrás del Nación y el Provincia), entre otros (Oddone, de los Andes, etc.).

Entre las circunstancias externas y las inconsistencias internas y de la política económica (fiscal y monetaria, financiera y comercial), el elevado endeudamiento público y privado, las mieles de la llamada especulación financiera, más la Tablita y la primera desinflación, hicieron sufrir al aparato manufacturero. Luego la descontrolada evolución del sistema financiero, la carrera armamentista, el atraso cambiario hicieron el resto.

“Durante el Proceso aumentó de manera significativa la velocidad con la cual la población aprendió a absorber nueva información y actuar en consecuencia, y esto a su vez obligó a modificar de manera sustancial la forma y la velocidad con la cual se diseñó, se implementó a lo largo del tiempo la política económica”, destacó de Pablo. Por su parte, Martínez de Hoz rescató que “la política económica lanzada en 1976 constituyó un ambicioso programa de reforma estructura de la economía argentina, cuya realización quedó trunca por la resistencia al cambio en diversos sectores claves. El logro más importante fue haber desatado un proceso de cambio de mentalidad”.





Fuente: Ambito

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