Durante la temporada estival, el uso recreativo de piletas, ríos y otros espacios acuáticos se incrementa, especialmente entre niños y niñas. Muchas veces implican riesgos de vida que pueden evitarse mediante medidas de seguridad.
El ahogamiento es un evento prevenible que requiere la participación activa de las familias, la supervisión constante de los adultos y la implementación de acciones preventivas que disminuyan los peligros en entornos con agua.
Entre las principales recomendaciones, se destaca que las piletas domiciliarias deben contar con vallado perimetral en sus cuatro lados, con una altura mínima de 1,20 metros, resistente a la escalada y con puertas que los niños no puedan abrir. Otro punto fundamental es vaciar inmediatamente todos los recipientes que contengan agua como baldes, palanganas, piletas inflables o bebederos de mascotas luego de su uso, especialmente en hogares donde haya niños menores de dos años, ya que incluso pequeñas cantidades de agua pueden resultar peligrosas.
Los niños deben estar a cargo de un adulto responsable para asistirlos, y nunca bajo el cuidado de otros menores o adolescentes.
Además, se recuerda que los niños deben utilizar chalecos salvavidas al estar cerca del agua y que no se deben dejar juguetes u objetos flotando en la pileta, ya que pueden atraer su atención y aumentar el riesgo de accidentes.
Los primeros años de vida representan el mayor riesgo, los niños pequeños pueden ahogarse de forma rápida y silenciosa, incluso en apenas unos centímetros de agua. De hecho, una gran proporción de los ahogamientos en menores de cuatro años ocurre en momentos que no estaban destinados a la natación.
Finalmente, se alienta a las familias a capacitarse, tomando clases de natación para padres y niños, y a aprender técnicas de RCP y rescate seguro, herramientas fundamentales para actuar de manera rápida y eficaz ante una emergencia.
