Un estudio reciente de la Universidad de Boston (EE.UU.) confirma que mantenerse físicamente activo en la mediana edad, y durante la vejez, podría reducir drásticamente la probabilidad de desarrollar demencia o alzhéimer.
Más de 55 millones de personas en todo el mundo viven con demencia, y se cree que esa cifra aumentará a 78 millones en 2030 y a 150 millones en 2050.
El análisis, publicado en JAMA Network Open, siguió a más de 4.300 personas que no presentaban la enfermedad al inicio de la investigación ni en décadas subsiguientes.
Estadísticas que no mienten
Con 1.526 participantes en su primera etapa de vida adulta, 1.943 en mediana edad y 855 en vejez, el estudio reveló que las personas con mayores niveles de actividad física, dentro del segundo y tercer grupo, tenían un riesgo de 41 % a 45 % menor de padecer demencia por cualquier causa, respectivamente, en comparación con aquellas que mostraban más bajos niveles de actividad física, una diferencia estadísticamente significativa.
Sobre los mecanismos de tal efecto protector, uno de los autores, Phillip Hwang, explicó: «Hay varios posibles mecanismos mediante los cuales la actividad física podría disminuir el riesgo de demencia, como mejorar la estructura y función del cerebro, reducir la inflamación y beneficiar la función vascular».
El estudio agrega que la actividad física podría tener un impacto directo contra las mencionadas patologías, como impedir la acumulación tóxica de proteínas vinculadas con ellas (como beta‑amiloide y tau), lo que a su vez podría favorecer una mayor preservación cognitiva y retrasar el deterioro.
Limitaciones
Los investigadores reconocen limitaciones importantes de su estudio: la actividad física fue auto-reportada, lo que podría introducir sesgos; y no se puede especificar qué tipo exacto de ejercicio resulta más beneficioso.
También señalan que la actividad durante una edad temprana (26-44 años) no mostró asociación clara con la reducción del riesgo, posiblemente por falta de casos de demencia en ese grupo.
Para los autores, estos hallazgos refuerzan la idea de que «tomarse el tiempo para mantenerse activo, especialmente con actividades de alta intensidad que eleven la frecuencia cardíaca, podría ayudar a reducir el riesgo de demencia en la vejez».
En definitiva, el mensaje es claro: incorporar ejercicio regular desde la mediana edad, y mantenerse activo en la vejez, se confirman como una estrategia prometedora y al alcance de muchos para proteger su salud cerebral a largo plazo.
